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Volver a la Luna después de más de cincuenta años suena a frase de documental, pero ya es un hecho. Artemis II despegó desde Cabo Cañaveral y puso rumbo al satélite en una misión que, aunque no aterrizará, marca el regreso de seres humanos a las cercanías lunares por primera vez desde 1972. Medio siglo sin viajar tan lejos, medio siglo sin ver a una tripulación salir de la órbita baja terrestre, y ahora la NASA vuelve a intentarlo con una mezcla de nostalgia, tecnología nueva y ambición renovada.
La cápsula Orion lleva a cuatro astronautas que representan una foto distinta a la de la era Apolo: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Van a bordo de un cohete gigantesco, el SLS, que ya dejó atrás la Tierra para iniciar un viaje de diez días que los llevará a rodear la Luna y regresar. No habrá alunizaje, pero sí un sobrevuelo que permitirá probar sistemas, medir cómo responde el cuerpo humano en el espacio profundo y preparar el camino para las próximas misiones, esas que sí buscan volver a poner botas sobre la superficie lunar.
Para dimensionar el momento: la última vez que un ser humano estuvo allá fue en diciembre de 1972, cuando la misión Apolo 17 reingresó a la Tierra con Gene Cernan, Harrison Schmitt y Harrison Schmitt a bordo. Desde entonces, nada. Cambios políticos, prioridades distintas y programas cancelados dejaron a la Luna en pausa. Hoy, con Artemis II, se retoma el hilo que quedó suelto hace más de medio siglo.
La misión no pretende plantar banderas ni repetir gestas pasadas. Es, más bien, un ensayo general para demostrar que la humanidad puede volver a viajar lejos, operar en un entorno hostil y preparar una presencia sostenida en el satélite. Si todo sale bien, será el primer paso de una nueva etapa que apunta más lejos: volver a la Luna, quedarse un tiempo y, algún día, usar ese aprendizaje para llegar a Marte.













