El fútbol chileno perdió a uno de sus personajes más queridos: Víctor Hugo “Pititore” Cabrera, el delantero que convirtió cada celebración en un pequeño espectáculo y que hizo de la voltereta su firma eterna. El exgoleador falleció a los 68 años en su casa en Quillota, ciudad donde era querido dentro y fuera de la cancha.
Cabrera fue un símbolo del fútbol en los años 80, un jugador que se abrió camino desde abajo y que terminó marcando época en San Luis de Quillota, donde es recordado como su máximo goleador histórico. Allí formó un tridente inolvidable junto a Patricio Yáñez y Jorge “Pindinga” Muñoz, una delantera que todavía se menciona con cariño en las tribunas.
Su carrera lo llevó por varios clubes —San Luis, Regional Atacama, Colo Colo, Everton, La Serena y Unión La Calera—, pero su leyenda se construyó en Quillota, donde sus goles y su carisma lo transformaron en ídolo. Fue goleador del torneo en 1981 y 1984, campeón de Copa Chile con Colo Colo en 1985 y protagonista de ascensos y campañas memorables.
Pero si algo lo hizo único fue su estilo: la doble voltereta con la que celebraba cada gol y que le valió el apodo de “acróbata del gol”. La había aprendido de niño, cuando imitaba a artistas circenses en los potreros donde empezó a jugar. Esa mezcla de talento, agilidad y desparpajo lo convirtió en un personaje entrañable del fútbol chileno.
Tras su retiro, siguió ligado al deporte como monitor municipal, siempre cercano a la comunidad quillotana. Su muerte genera un profundo pesar entre hinchas, excompañeros y clubes que lo despidieron destacando su alegría, su humildad y su capacidad para convertir cada partido en una fiesta.













