En el Dándalo se escribe una parte del patrimonio de Iquique, claro que no es la oficial, sino que aquella que la escriben los guapos, la historia de barrio, de ese concepto que las actuales autoridades no dominan porque no son iquiqueños, son trasplantados de otras ciudades y desconocen la memoria colectiva, de esa que los antiguos hijos de esta tierra dominamos, donde la sociología y la antropología social son parte de lo cotidiano de este lugar.
El Dándalo, desde que fue inaugurada hace más de 70 años por la familia Solimano, fue una zona de guapos de los barrios El Matadero, El Colorado, La Plaza Arica y San Carlos, de hombres que estudiaron en las escuelas N° 16 y la Centenario N° 6, donde los lunes y viernes se sentaban en aquellas mesas los matarifes con sus trajes llenos de sangre, el tarro de manteca lleno de trozos de carne y al cinto las cuchillas con las que en la madrugada habían trabajado en el camal faenando vacuno y chanchos.
La fuente de soda El Dándalo, ubicada en la esquina de Juan Martínez con Sotomayor, todavía se erige como un memorial a la comparsa de los ex matarifes, cuando en el verano guardaban sus trajes de trabajo, para colocarse otra vestimenta, como el famoso indio Zulú que lo recreaba el negro Cloro y con otros trajes también participaban el guata de llamo, Catrulio, el negro culo, o el Chico del Puerto, quien con su cuchillo agredió a muchos.
El Dándalo guarda en sus añosas paredes muchas historias, de esas cuando era niño a ver en vivo, cuando por la década del 60 el Catrulio no se la pudo a combos, fue a buscar a su casa las cuchillas que usaba en el matadero, pero su adversario lo tajeó con sus mismas armas o cuando más adulto y trabajaba en un diario local, me invitaron a una conferencia de prensa para dar el vamos al carnaval y nos sirvieron los hermanos Guerrero Aranda un picante de guata con pata, y con ellos recordamos nuestra niñez y la importancia del Dándalo en nuestras vidas.
Por el Dándalo pasaron muchos boxeadores que dieron prestigio a Chile e Iquique, como también futbolistas, basquetbolistas, y beisbolistas, pero a las autoridades no les interesa, porque no conocen la historia de esta tierra y menos, porque no son iquiqueños.
*Escrito por Edgardo Barría en 2010.













