1515Por ORLANDO CEBALLOS MACEDO*
Te conocí el año 1974 ,alguien me informó que había llegado a la Villa México, lugar donde con mi familia vivía en Santiago, en particular a la farmacia del lugar, un enigmático personaje que a su juicio era digno de ser conocido, dicho personaje no era otro que tú, este asertivo despertó mi curiosidad y no tardé en hacerlo, así surgió nuestra amistad que se fue forjando rápidamente, compartíamos tertulias en que me narraste cómo había transcurrido tu niñez, tu origen humilde en la población Juan Antonio Ríos, que tú familia era numerosa y tú el mayor de los hijos que trabajaste de pequeño vendiendo fruta para ayudar a tu homónimo papá, el señor Quintín Romero quien había sido un eximio campeón de boxeo, incluso a nivel sudamericano, me dijiste habías ingresado a la Escuela de Investigaciones y que dicho estamento te había otorgado el alto honor de ser guardia personal del Presidente Allende, en tal misión lo acompañaste en sus viajes dentro y fuera del país contándome sabrosas anécdotas que decían relación con aquellos viajes.
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El cortejo que salió de la Escuela de Investigaciones donde se velaron tus restos, pasó lentamente por la farmacia, la gente del lugar lloraba ,lanzaba flores y gritaba consignas en tu memoria.[/caption]
Me hizo mucha gracia aquella en que habiendo viajado a Buenos Aires concurrieron a una tangueria en el barrio de La Boca, el anunciador oficial percatándose de tan ilustre visita la anunció con bombos y platillos, se dirigió al Doctor Allende y le preguntó que tango le cantaban, él un tanto neófito en el tema salió brillantemente del paso, diciendo deseo escuchar el número uno, el cantante pensó que se trataba del Tango Uno. Tu y tus colegas rieron con la salida a la cual el Presidente los tenía acostumbrado.
En una oportunidad me dijiste que tras toda amistad había un interés mutuo, a lo cual pregunte cuál era el nuestro y me dijiste que el nuestro era el intercambio de conocimientos y vivencias.
En otra ocasión me contaste que atraída por la propaganda televisiva había llegado a su farmacia una jovencita a comprar Paracetamol, la propaganda mostraba a una pareja compartiendo
y se dirigía ala dama diciendo: si no quieres tener complicaciones y pasar un buen momento toma Paracetamol. Cumpliste la petición, pero al transcurrir cierto tiempo tu cliente regresó indignada señalando que había quedado embarazada, ella creyó que Paracetamol era para hacer el amor.
En muchas oportunidades te pregunté que había ocurrido aquella aciaga mañana del 11 de septiembre de 1973, tu evitabas el contestarme pero después de muchas insistencias accediste a decírmelo. Ese día no me correspondía ir a La Moneda, me dijo, pero pudo más la gravedad de lo que estaba ocurriendo, tomé mi arma de servicio subí a una micro y me bajé corriendo en las cercanías del Palacio de Toesca, allí permanecí hasta que La Moneda fue bombardeada y nuestro Presidente no nos obligó a hacerlo porque todos queríamos morir con él, incluida por cierto su compañera la Payita.
Me acuerdo que terminaste tu relato y te abracé.
Hoy querido amigo asistí a tu funeral, ayer en tu farmacia donde ayudaste a tanta gente, se realizó una concurrida y emotiva velatón a la que concurrió toda tu familia. Luego, el cortejo que salió de la Escuela de Investigaciones donde se velaron tus restos, pasó lentamente por la farmacia, la gente del lugar lloraba ,lanzaba flores y gritaba consignas en tu memoria. Allí estaba yo, tu amigo de siempre , estoy seguro que ya habiéndote encontrado con Allende, le habrás dicho: compañero Presidente (como a él le gustaba que le dijeran ) aquí estoy de nuevo junto a Usted, pero esta vez para siempre.
Quintín Romero Morán (Q. E, P. D.), gracias por haber tenido la oportunidad de conocerte sabiendo que más temprano que tarde nos encontraremos no sé cuando ni dónde.
P.D.: Este relato, estimó, era necesario para que las generaciones de antaño y especialmente futuras conozcan el valor de la lealtad a los ideales que este hombre,mi amigo representó













