Por GONZALO VALLEJO LEGARRETA
Tema casi inagotable y reiterativo. A pesar que en el seno de la iglesia católica o fuera de la misma todavía persisten oscuros intereses para continuar amparando u ocultando lo inocultable, ha llegado el tiempo histórico de solucionar judicialmente todos los delitos de estos apóstatas de sus propias convicciones religiosas. Caso contrario seguirá esta perversa red de abusadores al interior del catolicismo, la cual actuó impunemente durante muchísimos años. Sigue la podredumbre humana en esta institución humana. No se puede seguir cultivando la cultura de la impunidad y menos solucionar la problemática en base a una ineficiente investigación canónica.
La desesperanza cunde entre los católicos buenamente intencionados o inspirados, quienes tienen a su religión como un misterioso puente entre lo tangencial y lo trascendente. Las atrocidades de los sacerdotes que han usado a la religión para satisfacer sus procaces instintos sexuales han ensombrecido la credibilidad del catolicismo y no merecen ninguna consideración.
Chile tiene que dar el ejemplo real para investigar con acuciosidad y objetividad todos los delitos clericales. Son actos tan graves que ni siquiera el secreto pontificio les puede salvar de la cárcel, pues tienen que responder como ciudadanos ante la justicia civil. La tenaz lucha que siguen emprendiendo Juan Carlos Cruz, James Hamilton y Andrés Murillo es paradigmática para desterrar toda esta pandemia de corrupción. Ellos han sido víctimas inconsolables de estos abusos sistemáticos en la época de su juventud. Suma y sigue.
La bizarra situación del periodista peruano Pedro Salinas, gran columnista de opinión y un serio investigador de estas amoralidades, ha sido demandado por difamación agravada por un arzobispo al denunciar los irrefutables abusos de poder, psicológicos y sexuales, cometidos por algunos miembros pertenecientes a una sociedad conservadora y fundamentalista de vida apostólica y de derecho pontificio, querella que per se atenta incluso contra la libertad de expresión. Cualquier atisbo o sospecha de abusos que se cometan en nuestro país y en donde la iglesia católica tenga un papel participativo, principalmente en el campo educacional o social, deben ser inmediatamente investigados por los entes correspondientes y los culpables castigados y sancionados con total severidad.
La situación moral de la iglesia católica es tan inestable que la solución concreta para terminar con estos actos reiterativos de pedofilia es iniciar una profunda reforma canónica para derogar el celibato de manera concluyente. Quizás hasta se podría decir que es una misión y una solución salvadora por parte de la congregación para la doctrina de la fe, único órgano del Vaticano que puede restablecer la moralidad en el catolicismo.













