Enrique Venturino Soto nació en enero de 1900 en el barrio El Colorado, en el norte de Iquique. Con el tiempo, se convirtió en un empresario exitoso con su compañía «Cóndor», con la cual adquirió el mítico Teatro Caupolicán a comienzos del siglo XX. Más tarde, creó uno de los circos más exitosos de los últimos tiempos: «Las Águilas Humanas».
Fue el menor de cinco hermanos del matrimonio de inmigrantes italianos Francisco Venturino Bola y María Rosa Soto Valencia. Francisco trabajaba en labores menores, mientras que María era niñera en la casa de una familia acomodada de Iquique. Con el tiempo, instalaron una panadería y luego un almacén. En ese periodo nacieron sus hijos: Francisco (1892), Agustín, un destacado sociólogo considerado el impulsor de la sociología moderna y amigo de Gabriela Mistral, Víctor (1895), Pascual (1897) y finalmente Enrique, nacido en 1900.
Cuando Enrique cumplió un año, su padre falleció de un ataque cardíaco, lo que obligó a su madre a sostener el hogar con cinco niños, enfrentando tiempos de gran pobreza. Durante su juventud, Enrique Venturino fue periodista y, más tarde, promotor deportivo y mánager de jóvenes boxeadores iquiqueños. En una entrevista al diario La Tercera en los años 70, recordaba que antes de ser mánager de boxeadores, recorría las oficinas salitreras con un proyector, exhibiendo películas mudas en plazas y teatros.
Con toda esta experiencia, llegó a Santiago en los años 30 y fundó la «Compañía de Revistas Bataclánicas Cóndor», que brilló entre 1935 y 1942 en el Teatro Balmaceda, ubicado en la actual comuna de Recoleta. En 1940, junto a sus hijos Hugo y Sergio, creó «Las Águilas Humanas», un circo que transformó el mundo circense en Chile.
LAS AGUILAS HUMANAS

«Las Águilas Humanas» comenzaron sus presentaciones en el Teatro Caupolicán, propiedad de la Caja de Empleados Públicos. El teatro, recién inaugurado con capacidad para ocho mil personas, fue arrendado a Venturino, quien lo compró años después en un remate y lo convirtió en su sede de trabajo.
«Para nosotros, el circo es esencialmente una fábrica de risas. No solo nos interesa la parte comercial; lo que nos impulsa es darle al público lo que quiere y presentar un espectáculo distinto cada año», explicaba Enrique Venturino en una entrevista a la revista «En Viaje» en octubre de 1967.
El circo realizaba sus funciones en el Teatro Caupolicán durante el invierno, pero con el fin de las lluvias se trasladaba a diferentes partes del país. En los años 60, contaba con cuatro carpas, casi ochenta artistas contratados y previsión, algo raro para la época, pero que Venturino respetaba, reconociendo el derecho del trabajador. Además de los artistas, tenía contratados a 60 obreros, diez electricistas, quince choferes y seis empleados administrativos.
«Un buen Tony (payaso) gana 500 escudos a la semana. Los sueldos de los artistas internacionales son mayores», decía Venturino a «En Viaje».
ARTISTAS
La página web del propio Teatro Caupolicán recuerda que allí se presentaron artistas de la talla de Duke Ellington, Jorge Negrete, Lucho Gatica, Raphael y Lola Flores, entre muchos otros. También se presentaron óperas como «El barbero de Sevilla» y «Madame Butterfly». En 1970, el Circo de Moscú, con el mítico payaso Oleg Popov, también se presentó en el teatro.
El empresario aseguraba en esos años que prefería contratar payasos chilenos de buena calidad, y como dueño de uno de los circos más importantes de Chile, exigía que los espectáculos extranjeros contrataran a artistas chilenos.
«Las Águilas Humanas» transitaron mucho tiempo sin competencia real, ya que la mayoría de los circos en Chile eran considerados de barrio y «pobres» en comparación con el gigante de Venturino. Ni la aparición del circo Búfalo Bill, con apariencia de ser extranjero, ni los circos de «Tony Caluga» o Frankfort lograron destronar al espectáculo de Venturino, que ya empezaba a presentarse en el extranjero
En 1980, el Caupolicán fue testigo del único acto en contra del Plebiscito de 1980, que tuvo como orador principal al ex presidente Eduardo Frei Montalva.
Venturino fue considerado un adelantado para su época, con buen ojo para el negocio de los espectáculos. Administró sus negocios hasta su muerte en 1984. Ese mismo año, el Teatro Caupolicán se declaró en quiebra y permaneció cerrado hasta 1991, cuando fue comprado por el club Colo Colo y rebautizado como «Teatro Monumental». En 2004 salió a remate y fue adquirido por la familia Aravena, que le devolvió su nombre original, «Teatro Caupolicán».

En septiembre pasado en el Museo de Historia Natural de Valparaíso se realizó el lanzamiento del libro “Entre carpas y olvidos: la historia de Enrique Venturino”, escrito por Bruno Caprario, Isidora Mora y Natalia Ávila, es una obra biográfica que rescata la figura de Enrique Venturino , uno de los impulsores del circo chileno. La obra reconstruye la historia del Circo de las Águilas Humanas y el impacto del iquiqueño Venturino en el espectáculo popular del siglo XX en Chile.
Enrique Venturino, hijo del rigor de la pobreza en las calles de Iquique, llegó a convertirse en el mayor empresario de espectáculos de Chile durante casi medio siglo.
Esta nota sobre la vida de Enrique Venturino forma parte del proyecto “De Iquique al Mundo”, financiado por el Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social (FFMCS) 2025.













