El diputado Javier Olivares fue agredido este fin de semana en Olmué, región de Valparaíso, mientras participaba en actividades en terreno. Según los primeros antecedentes, un grupo de personas lo encaró y terminó golpeándolo. Al cierre de esta nota, los agresores no habían sido detenidos.
Y aquí hay que poner las cosas en su lugar. Uno puede no estar de acuerdo con las ideas del diputado, con su estilo frontal o con la forma en que hace política. Eso es parte del debate democrático. Pero pasar de la crítica al combo es cruzar una línea que no corresponde.
El propio Presidente José Antonio Kast rechazó la agresión y llamó a condenar cualquier acto de violencia contra autoridades o ciudadanos, independiente del color político.
Olivares resultó con lesiones leves y seguirá con sus actividades. La política puede ser dura, áspera y ruidosa, pero la violencia no es parte del trato. Discutir sí, criticar también, pero golpear a alguien por pensar distinto es simplemente inaceptable.













