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Ayer fue un día muy especial. Un gran saludo a todas las madres de Chile y del mundo. Muchas bendiciones para ustedes, amadas madres.
Esta semana, en Iquique, una leve llovizna nos sorprendió gratamente. Cielos más limpios y la descontaminación ambiental —especialmente en el centro de la ciudad— nos irradiaban una energía positiva. Calles más limpias, los malos olores desaparecidos de las poblaciones y el trabajo oportuno de la IMI completaban un panorama propio de un comienzo otoñal marcado por el cambio climático.
Por estos días, nuestro país en general ha sufrido las consecuencias de este fenómeno planetario. En nuestra ciudad disfrutábamos del sol todo el año. Ahora hay días de un frío que cala los huesos y obliga a abrigarse. Pero ese “solcito”, tan propio de nuestro borde costero nortino, es el que nos da ese color incipiente de piel morena. En el altiplano chileno, las cosas son bastante diferentes: es un clima muy bravo.
De pasadita, destaco la noble tarea pública que cumplen los funcionarios del Estado en esos inhóspitos lugares fronterizos. No se trata de algunas horas al día, sino de semanas enteras en la precordillera. Mis mayores respetos para todos ellos.
Hablando de cambio climático, me traslado al cambio político en La Moneda. El Presidente Kast ya cumple dos meses en su mandato. Hay serias turbulencias en su gestión. Su equipo ministerial muestra falta de experiencia política y abre flancos innecesarios. Adolece de una retórica profesional y de experiencia en el oficio comunicacional.
La política no es solamente ideología. También es, entre otros factores muy importantes, el arte de la negociación. No se trata de un programa de contienda por TV entre bandos y trincheras, de quién es el bueno y quién es el malo. Se trata, amigos y amigas, de que nuestra nación deje de ser subdesarrollada. De que sea un país que lidere el combate contra la pobreza en todos sus niveles, una república más justa y ejemplo de democracia posible.
Somos una república joven y con su propia historia de héroes. Como nación tenemos soberanía; debemos cuidar y amar nuestro territorio. Pero también hay egoísmo, luchas de intereses y disputas por el poder político y económico. Entonces, nos enfrentamos a estas complejas realidades.
A quienes hoy ocupan un escaño en el Parlamento, les pido que expresen lo mejor de sus ideas y argumentaciones, sólidas y verídicas. No al discurso difamatorio, negacionista o fanático. El pueblo los eligió para ser sus representantes; no los mandató para defender sus ideologías partidistas. Sus leyes deben estar en línea con esta suprema responsabilidad. Otra cosa distinta es pensar que siempre se van a salir con las suyas y que nos van a engañar. Están muy equivocados.
Con una buena ley, el pueblo se los agradecerá siempre. Los chilenos parecemos tener mala memoria. Aunque es fácil olvidar, tampoco es difícil recordar. Los diputados y diputadas que hoy nos representan están en ese hemiciclo parlamentario ganando un dinero por nuestra voluntad expresada en las urnas. Sí, somos nosotros quienes financiamos las envidiables remuneraciones que reciben mensualmente. En pocas palabras: es al pueblo al que le deben lealtad, y punto.
Estimados parlamentarios y parlamentarias: ¿ustedes pagan con sus sueldos el traslado a Valparaíso? ¿Lo mismo ocurre con sus asesores y la bencina? Es decir, los famosos viáticos los pagamos todos los chilenos.
Yo reclamo coherencia. Mayor lealtad y mejor argumentación parlamentaria. Hay verdades que molestan, por cierto. Decir las cosas por su nombre, en forma directa y de frente, siempre con respeto, es propio de la democracia. Bien por todos quienes así lo hacen, según los he visto. Pero siempre hay que elevar el debate con fundamentos empíricos y notables. Ello requiere esfuerzo, constancia intelectual y quitar horas de sueño. Ojalá mi crítica sirva como consejo y nadie se lo tome a mal.
Ahora, vamos al gobierno. Primero: entender que el período de cuatro años pasa volando. Cada día presidencial significa avanzar en los objetivos del cumplimiento de sus promesas electorales. Hombres de palabra, antes que el Presidente Kast —según pienso, más bien para mal que para bien— han administrado un modelo económico neoliberal desde el regreso a la democracia.
El líder actual del Ejecutivo, Kast, y sus ministros y ministras debieran hacer noticias en ese ámbito y no en otros asuntos ajenos a su principal responsabilidad. Hay acciones que distraen la atención pública y envían señales equívocas de sus altas funciones. Cuando voces ilustres del mismo oficialismo hacen autocríticas y marcan diferencias, la situación es grave y necesita corregirse con urgencia. De lo contrario, se levantan tormentas innecesarias.
Segundo: el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz Castro, desde mi humilde punto de vista, debiera tomar en cuenta las observaciones del Consejo Fiscal Autónomo, todos expertos en macroeconomía y políticas fiscales. Está aplicando una política de guerra que se enfoca en una reestructuración del modelo económico vigente, con un proyecto que mezcla mercantilismo, libre mercado y desregulación de la industria al alero del crecimiento.
Todo esto pasa por alto la realidad que la clase política ha ido desarrollando desde la vuelta a la democracia: una mejor distribución de la riqueza y mejores condiciones competitivas. Hay problemas y queda camino por recorrer, por supuesto que sí.
Podemos hacer un alto y discutir las políticas aplicadas para generar nuevos empleos con remuneraciones decentes, la incorporación de la mano de obra femenina, la falta de protección a la maternidad laboral y los niveles de remuneraciones por regiones, etc. Amigos y amigas, no se puede meter todas estas problemáticas en un solo saco legislativo. Para qué hablar de la innovación, la educación gratuita y la investigación científica. Chile es un país dependiente de sus productos commodities —materias primas— y las inversiones necesitan oxigenar su capital. Necesitan reglas claras y estables.
El país necesita más recursos económicos, pero no puede ser a costa de las grandes mayorías. A cada cual, según el rey Salomón, lo que corresponde. Equilibrar las arcas fiscales, en mi humilde opinión, debiera nacer de la misma clase política: desde el Presidente hasta el “junior”, todos nos sacrificamos. ¿Contamos con usted, estimado Presidente? Gracias.
Nelson C. Mondaca Ijalba
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