El 25 de enero de 1986 una violenta explosión en la planta de fabricación de bombas de racimo de la empresa Cardoen, ubicada entonces en Alto Hospicio, provocó la muerte de 30 trabajadores y dejó al menos 12 heridos, según informaron los medios nacionales en los días posteriores al accidente. El siniestro se convirtió en una de las tragedias industriales más graves registradas en la Región de Tarapacá durante la década de 1980.
En dichas instalaciones se ensamblaban bombas de fragmentación antipersonal —conocidas como bombas de racimo— destinadas a Irak y otros países del Medio Oriente, en el contexto del auge exportador de armamento chileno durante la guerra Irán-Irak. La magnitud del estallido movilizó a los servicios de emergencia de toda la provincia y generó un llamado urgente, difundido por diversas emisoras radiales, para donar sangre en apoyo a los heridos que fueron trasladados al Hospital Regional de Iquique.
A través de un comunicado oficial, la empresa informó:
“Hoy sábado 25 de enero de 1986, siendo las 10.30 horas aproximadamente, se produjo una explosión en la sección de armado de submunición de la planta de Alto Hospicio. Como consecuencia de lo anterior, perdieron la vida cuatro trabajadores y se encuentran desaparecidos 24. Hay nueve heridos, de los cuales dos fueron derivados al hospital y el resto a sus casas”.
Con el paso de las horas, el número de víctimas fatales aumentó a medida que se recuperaban cuerpos entre los escombros. La tragedia generó un amplio debate público sobre las condiciones de seguridad en la industria armamentista y sobre el rol de Chile en la exportación de material bélico durante aquellos años.
El empresario Carlos Cardoen, propietario del complejo industrial, insinuó en declaraciones posteriores que la explosión podría haber sido consecuencia de un acto de sabotaje, afirmando que “la próxima bomba la construiría con sus propias manos”.














