domingo - 18/04/2021

A Pata pelá (@plumaiquiqueña)

A Pata pelá (@plumaiquiqueña)

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@plumaiquiqueña

La playa “El Colorado”, debe tener una extensión de 2 a 3 kilómetros, se dice que era más linda que Cavancha, le llamaban el “Acapulco chileno”. Fue la playa de esparcimiento veraniego de todo el sector de Iquique entre 1900 y 1950, los ingleses levantaron un muelle, luego los pescadores artesanales criaron a sus hijos y formaron sus hogares.

La playa pertenece a ese Iquique antiguo, a la vida barrial, de clubes deportivos, de potos verdes, mascarrieles y comeperros, de puertas y ventanas abiertas, todos conocidos, al despacho con la libreta y el fiado, la siesta, la sobremesa después del lonche o durante el aseo de las veredas con lavasa y la espera del ocaso del sol.

La vida era muy distinta en esos tiempos, no había luz, agua, red de alcantarillado, pero se compartía en familia, jugando a la chaya, a pata pelá sobre las arenas blancas. Se extraña la sociabilidad fundacional, el muelle y los huevos de pescados recién sacados.

En la playa, los niños jugaban con huiros, pelotas de trapos, pescaban; tomoyos; cabinza, pejerreyes borrachilla; monos y jureles. El plato preferido; el ceviche y el pescado frito. Para la sed un rico tecito de hierba luisa y cedrón. Para los pescadores, un tecito helado para el cuerpo cansado.

Costaba ganarse los porotos, pescando, y trabajando en la mantención de redes. La mujer de la playa, tenía el cabello teñido por el agua salada. Trabajadora y sacrificada, tejía la malla, pescando como Juana Cáceres Allende, cuidando al cabro chico, preparando un perol para los males de amor. Después de la crisis salitrera, Iquique se estaba muriendo, había que parar la olla como sea. Por ende, se instalaron las pesqueras y los veraneantes se fueron volcando hacia las playas del sector sur. De esa forma, el olor a dólares trae la nube del progreso, con la harina asesina que se lleva la playita de mi abuelita, el corazón y los recuerdos.

El barrio ya no existe como antes, debido a la expropiación.

Las voces de las grandes familias como los Cáceres, Fuenzalida y Ayala y otras tantas vienen a la memoria, susurran por medio de la caracola, que fueron felices con la bandera blanca de la libertad, surcando los caminos de la playa más linda del litoral. La gente grita colores de esperanza sobre las olas mansas.

Vecinos del barrio “El Colorado” (potos verdes, mascarrieles y comeperros) crearon una “Corporación” para reactivar la playa y la caleta a través de clases de bodyboard. De esta manera se logra restablecer el carácter patrimonial y ecológico de aquél balneario, embrujo de las familias de la década del 50 y hoy, por los hijos de los hijos del barrio histórico.

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