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11

Nov

Al agua pato | @plumaiquiqueña

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@plumaiquiqueña

El color amarillo del pato de hule es mi favorito, sinónimo del sol, de la fuerza protectora del astro rey, de los cálidos destellos que cubren la cara enrojeciendo la piel como camarón. Estará presente desde el 11 hasta el 18 de noviembre, tiempo que olvidaremos  el fallido 10 %, la acusación constitucional y las elecciones por un rato

Este patito es el símbolo de volver a la ilusión de la infancia, a esa nostalgia imposible de olvidar arriba de un flotador o una cámara sobre las aguas de Cavancha. Décadas atrás, el sol gobernaba sin fecha ni calendario.

Después del cole, me colocaba las condoritos , un short y una polera, indistintamente de la estación de turno. ¡Uf!

El verano comenzaba en octubre con idas a la playita más linda. Por ende, esperábamos ansiosos el término de clases para disfrutar con los cabros del barrio, las tardes más soleadas del litoral. No teníamos dinero, nos íbamos caminando con una botella de agua y un par de naranjas.

Protegernos la piel con algún bloqueador, ni pensarlo. Al igual que los camanchangos, resistíamos las altas horas con solo agua salada. En ocasiones, una sombrilla otorgaba un espasmo de alivio, no obstante, la niñez seguía nadando de modo sincronizado a la balsa o al Saladero para realizar los mejores piqueros.

Los cabros se tiraban guatazos haciendo reír a los que simplemente mirábamos. La playa era libre, escuchábamos la canción: “¡Arena, blanca, mar, azul!”.  Desde una A.M., a todo volumen.

Jugábamos a no botar el palito del helado al interior de un cúmulo de arena, el que lo hacía, lo tomaban de pies y manos para lanzarlo al agua. Los niños se estiraban sobre la superficie para tatuarse un Superman con arena.

Comenzó la guerra, cada bando tenía diez pelotas de arena por lado, el que derribaba la muralla, perdía. Ganamos las niñas, los chiquillos tuvieron que pagar la penitencia de llevar la sombrilla; toallas; paletas de playa y comprar un chupete helado para refrescarnos.

Yo elegí uno de frambuesa con fruta, el Toño me miró con cara de convídame un poco por favor. Toma, te dejé la mitad y deja de reclamar, respondí. Estábamos cansados, la bandera del Granaderos ya la habían bajado. Mi abuela me esperaba en casa con un baño de agua tibia, también el lonche con té con cedrón y la lunita de Telenorte para despedir otro día de esta linda vida.


Fotografía: Hernán Pereira Palomo

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