El alcalde de Huara de la época, Carlos Silva, realizó un recorrido por las localidades afectadas por el intenso fenómeno climático que golpeaba el Norte Grande. La quebrada alta de Tarapacá quedó completamente aislada debido al corte de caminos, lo que obligó al municipio a entregar agua potable y nylon para proteger las viviendas en los sectores accesibles.
Poblados como Achacagua, Sibaya, Limaxiña, Usmagama, Mocha, Huaviña y Laonzana quedaron incomunicados por el desprendimiento de rocas y los cortes en las rutas. Por otro lado, Pachica sufrió un corte en el suministro de agua potable y la quebrada baja enfrentaba problemas de acceso al recurso hídrico, afectando principalmente el sector de las chacras.
En medio de su recorrido, el edil constató los daños: “Pudimos observar el corte y desprendimiento de caminos, lo cual dificulta el acceso y aísla a estas localidades. Estamos trabajando con el gobernador e intendente para que Vialidad retire los escombros durante el fin de semana”, señaló.
En la precordillera, el alcalde visitó Chusmiza, donde la lluvia y el granizo comenzaban a generar preocupación por el posible aumento del caudal del río Tarapacá. Ante esta situación, el municipio desplegó días antes a su equipo de emergencia para coordinar con la Onemi regional los resguardos necesarios.
Este episodio climático, ocurrido hace diez años, recordó la importancia de estar preparados ante eventos extremos que afectan las comunidades más vulnerables de la zona.
La historia se repite año a año con el cambio climático, pero hoy las autoridades toman en forma anticipada los resguardos. ARCHIVERO













