RB
Según estudios de varias universidades, la cercanía al océano nos dejaría relajaditos psico y físicamente.
El placer nos transformaría en seres humanos dóciles, querendones y amigables. Para los antiguos Griegos, Dionísios, dios del vino y la vegetación, representaba todos los placeres conocidos y por conocer en fiestas interminables en su nombre, donde estaba todo permitido.
Iquique Glorioso, según estudios de varias universidades extranjeras, gracias a sus playas, nos relajaría tanto como el dios griego. Porque pasar un día en la playa, por ejemplo, reduciría el estrés psicológico. Para la universidad de Michigan, la razón radicaría en la cercanía al agua salada, geografía que propone ejercitar el cuerpo.
Practicar surf, natación, caminar, etc., física y mentalmente sería muy bueno para todos y todas.
Otra universidad, la de Exeter en Inglaterra, sapeó que las olas y su relajante sonido activaría el córtex prefrontal del cerebro, un área asociada a las emociones y a la autorreflexión. Para más recacha, vivir expuestos al sol ayuda a producir vitamina D, colaborando en elevar el nivel de las «hormonas de la felicidad». El agua salada, además, hidrata la piel y aumenta la circulación.
Ya sabe, no tiene excusas para estresarse.













