Manuel Chávez, director de Ingeniería Civil, y Jaime Vera, profesor de Ingeniería Comercial en la sede de Concepción de la UNAB, hablaron sobre distintos aspectos del nuevo viaducto, que ahora es el más largo de Chile.
UNAB Concepción
El Puente Industrial sobre el río Biobío ya está en uso y conecta Hualpén con San Pedro de la Paz. Además de facilitar el paso de camiones, busca aliviar el tráfico en la zona.
Este proyecto nació en los años 70 como una alternativa a los puentes Viejo (que ya no existe) y Juan Pablo II. Aunque la idea quedó en pausa por mucho tiempo, se retomó después del terremoto de 2010.
¿Qué tiene de especial?
Es la primera obra concesionada fuera de Santiago. Se construyó como una autopista urbana, tendrá pórticos de peaje y se espera que los conductores usen TAG.
La obra cumple con altos estándares de calidad y tiene una certificación de seguridad vial de 3 estrellas otorgada por el International Road Assessment Programme (IRAP).
Con sus 2,5 kilómetros de largo, se convierte en el puente más extenso del país.
Un puente pensado para resistir
Manuel Chávez destacó que el puente fue diseñado para ser resistente, algo clave en una zona como el Biobío, donde los sismos son frecuentes.
“La ingeniería, de alguna u otra manera va evolucionando, mejorando y sofisticando. Uno lo puede ver a través de los distintos puentes que hay en el Biobío: el puente Viejo, que ya no existe, estaba construido con una cierta infraestructura. Después, el Juan Pablo II cambió su infraestructura”, explicó.
También dijo que “cada terremoto nos va enseñando y dejando algún aprendizaje. La ingeniería civil va generando una modificación y una evolución para establecer infraestructuras con un mayor estándar”.
Y agregó: “El Puente Industrial enseña que Chile necesita también infraestructuras resilientes, multimodales, transportes de su gestión, concebidas a una escala regional”.
La ingeniería local en acción

Chávez también habló del concepto de “ejes paralelos”, que busca asegurar que si otro puente falla, la conexión entre el norte y el sur del Biobío no se vea totalmente afectada, ni en lo comercial, ni en lo logístico, ni en temas como el acceso a hospitales.
Para él, el Puente Industrial demuestra la capacidad de la ingeniería regional y su compromiso con la comunidad.
“Tenemos un gran laboratorio en el Biobío que permite poder diseñar nuestra infraestructura”, dijo, y añadió que “este tipo de infraestructura esperamos que genere un cambio respecto a la movilidad en todo sentido”.
Impacto a futuro
Jaime Vera, profesor de Ingeniería Comercial en la UNAB Concepción, cree que el puente ayudará a mejorar los tiempos de traslado y a dinamizar los negocios.
Según él, sectores como el forestal, la celulosa, la pesca y la construcción deberían beneficiarse con esta nueva conexión.
Eso sí, advirtió que aún es pronto para sacar conclusiones sobre su impacto económico: “Para medir estos impactos siempre es bueno poder evaluarlo cuando ya se encuentra a plena capacidad. Eso es importante, porque lo demás todos podríamos trabajar en cifras estimadas o proyecciones”.
¿Cuándo se verá el efecto real?
Vera señaló que el segundo semestre de 2026 será clave para saber si el puente cumple con las expectativas. Todo dependerá de cómo las empresas ajusten sus volúmenes de carga.
“Con el correr del tiempo se va ajustando de mejor manera por términos de eficiencia, por términos económicos, por términos de productividad”, concluyó.
CDP












