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23

Feb

Boric y su contradicción final: bono por metas, déficit por resultados | Rodrigo A. Longa Terán

El problema del bono PMG del Presidente Gabriel Boric no son solo los $10 millones anuales. El problema es el símbolo.
Porque una cosa es cumplir metas administrativas en la planilla del Estado, y otra muy distinta es cumplirle al país. Y hoy, al cierre del gobierno, lo que queda a la vista no es una gestión de excelencia: queda un Estado con déficit fiscal alto, crecimiento débil y una política exterior más reactiva que estratégica.

El PMG (Programa de Mejoramiento de la Gestión) puede ser legal. Puede estar normado. Puede incluso estar técnicamente justificado. Pero políticamente es difícil de defender cuando la ciudadanía ve que el Gobierno incumplió sus propias metas fiscales por tercer año consecutivo y deja un cuadro de estrechez para el próximo período.

El contraste incómodo: metas internas vs. resultados reales

Aquí está el punto central: el PMG premia el cumplimiento de objetivos de gestión interna.
Pero a un Presidente no se le evalúa por procesos internos, sino por resultados país. Y en eso, el balance es crítico.

El crecimiento real

En términos simples, Chile pasó de un 2022 con crecimiento de 2,4% y superávit fiscal de +1,1%, a un escenario de mayor deterioro en los años siguientes. En 2023, el crecimiento cayó a 0,2% y el balance fiscal pasó a un déficit de -2,4%. En 2024, aunque el PIB repuntó a 2,6%, el déficit fiscal se profundizó a -2,9%. Y en 2025 (preliminar), con un crecimiento de 2,3%, el déficit efectivo se mantuvo alto en -2,8%, mientras el déficit estructural llegó a -3,55% / -3,6%, reflejando un problema fiscal más de fondo.

El dato más grave no es solo el déficit efectivo de 2025. Es el déficit estructural de 3,55%-3,6% del PIB, porque refleja un problema más profundo: no se trata solo de un mal año, sino de una administración que no logró ordenar las cuentas públicas dentro de sus propias metas.

Dicho simple: se gastó más de lo sostenible y se proyectaron ingresos que no llegaron.

Y ese contraste vuelve el bono PMG una señal muy mala: mientras al país se le pide apretarse, el poder se premia por “cumplimiento”.

El verdadero problema del PMG en La Moneda

La pregunta de fondo no es jurídica. Es política y ética:
¿Puede un gobierno hablar de “cumplimiento de objetivos” cuando deja tres incumplimientos fiscales consecutivos?
¿Puede celebrarse una meta administrativa mientras el país crece poco y se achican las holguras para salud, seguridad y educación?

El PMG puede medir formularios, hitos, procesos, cronogramas. Pero no mide confianza, no mide credibilidad fiscal, no mide capacidad de conducción.

Y ese es el punto: en este gobierno hubo demasiada obsesión por el relato del cumplimiento y poca capacidad de asumir el resultado final.

Política exterior: soberanía sin conducción no alcanza

En relaciones internacionales, el gobierno de Boric también deja una señal preocupante: mucha declaración, poca anticipación.

El episodio con Estados Unidos —la revocación de visas a funcionarios chilenos por acusaciones vinculadas a infraestructura de telecomunicaciones— expuso una debilidad evidente. Chile respondió con dureza, habló de soberanía, citó al embajador y rechazó las acusaciones. Todo eso puede ser correcto desde la defensa institucional.

Pero hay una pregunta incómoda: ¿cómo se llegó a ese punto sin una gestión diplomática previa que evitara el choque público?

La diplomacia profesional no consiste en reaccionar bien en conferencia de prensa. Consiste en evitar que los conflictos escalen.

Y en este caso, lo que se vio fue una Cancillería y un gobierno actuando después del golpe comunicacional, no antes. En un escenario global cada vez más tenso —y con Chile atrapado entre intereses estratégicos de grandes potencias— eso no es menor. Es una falla de conducción en política exterior bajo el Presidente Boric, que incluso se dio el lujo de usar a Trump como “saco de boxeo” comunicacional para su barra brava.

En geopolítica no basta con invocar soberanía. Hay que ejercerla con inteligencia.

El gobierno “sin privilegios” que terminó lleno de privilegios

Y en el plano interno, la contradicción política es igual de corrosiva: el mismo Boric que en campaña prometía un Chile “de derechos y deberes comunes, no de privilegios”, terminó encarnando una estética de poder que alimenta la desconfianza ciudadana.

Al controvertido bono PMG se suma la polémica por su crédito hipotecario: la tasa informada fue de 3,47%, por debajo de promedios de mercado reportados en torno a 4,28%-4,39%, mientras el banco sostuvo que se trató de condiciones “técnicas, objetivas y estandarizadas”. Puede no haber ilegalidad, pero sí una señal política pésima en un país donde la mayoría no accede a esas condiciones.

A esto se agrega la controversia por sus viajes a Punta Arenas para votar, con vuelos FACH y cuestionamientos por gastos de estadía en Magallanes, lo que refuerza la percepción de un doble estándar entre el discurso y la práctica, que terminó con pagos fragmentados y denuncia a Contraloría incluida.

Un gobierno que confundió gestión con liderazgo

El bono PMG al Presidente termina siendo el resumen perfecto de este ciclo:
cumplimiento formal por un lado, deterioro político y fiscal por el otro.

Boric podrá decir que hubo metas cumplidas. Pero el país termina preguntándose otra cosa:
¿Dónde está el crecimiento sostenido?
¿Dónde está el orden fiscal prometido?
¿Dónde está la conducción internacional firme y prudente?

Cuando un gobierno cierra con déficit alto, crecimiento insuficiente, conflictos diplomáticos mal administrados y señales de privilegio que contradicen su propio discurso, el problema no es el bono en sí.

El problema es que el bono parece un premio a una gestión que, en lo esencial, no cumplió.

Gobernar no es cumplir planillas: es asumir consecuencias. Cuando un Presidente termina su mandato con déficits persistentes, crecimiento insuficiente, conflictos diplomáticos mal administrados y señales de privilegio que contradicen su propio discurso, el problema ya no es comunicacional, sino de conducción.

Por eso, más que celebrar metas internas, correspondía rendir cuentas por los resultados reales. Como recordaba Harry S. Truman con una frase que hizo símbolo de la responsabilidad presidencial: “The buck stops here” —“La responsabilidad final es mía”—.
La responsabilidad final se detiene en quien gobierna, y en ese estándar, Boric queda debiendo… y lo sabe.


En El Sol de Iquique creemos en estar siempre del lado de la gente y con los ojos bien abiertos sobre quienes toman decisiones. Pero también somos un medio pluralista: las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan lo que piensa este medio.


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