
Podríamos decir que está más claro que echarle agua, si analizamos lo que puede pasar mañana con el partido de Chile y Brasil.
Vamos por parte, Chile se enfrentará a la selección brasileña que juega para Neymar, contra el árbitro, con el público del estadio de Belo Horizonte pifiando, luego contra la FIFA que defiende el negocio que el país de la verde amarillo siga en el Mundial, pero además de sus 22 auspiciadores, que no querrán perder un país con 300 millones de consumidores y que quede Chile, donde ni sabemos cuántos somos.
Por eso, lo que pase este viernes en el estadio Mineirao será histórico. Si gana Chile toda una hazaña, no porque el equipo de Sampaoli no tenga la garra, sino que le ganamos a todas las barreras de la FIFA. Y si perdemos, queda la satisfacción que se hizo lo posible, pero conociendo que teníamos todo lo que no era fútbol en contra.













