marzo 3, 2024
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09

Jul

«Chiricaco» | @plumaiquiqueña

@plumaiquiqueña


Con la partida de Chiricaco (Oscar Cáceres), se va parte del patrimonio histórico de la ciudad puerto. Ya no quedan personajes de barrio; los viejos están diciendo adiós y con ellos la manera sencilla y cotidiana de relacionarnos con el mundo a través de la tradición oral, expresada en una sonrisa, un avísale y un voy y vuelvo. Nuestros viejos no son niños avergonzados, por el contrario, se forjaron a partir del rigor y la adversidad, cruzando fronteras, escribiendo proezas entre la pampa y el mar. Desarrollaron la vida de barrio, creando liderazgos en clubes y bailes religiosos. Qué sería de Iquique sin ellos, sin la sensibilidad de éstos personajes que con un toque de locura y picardía alegraban los claros del día.

De dónde proviene este hombre tan particular y vecino tan querido del barrio de madera. Su historia comienza a los once años, pierde a su padre y por equivocación, un grupo de pescadores de la Caleta lo bautiza como el hijo del «Hocicón Chiricaco». Desde ese acontecimiento anecdótico, artistas y parroquianos lo llamarían el Chiricaco hasta el día de hoy. La disputa por el nombre, toma relieve con el hermano que trabajaba con un burro vestido de pantalones, pero eso es harina de otro costal, en el puerto heroico, todos lo conocemos como el Chiricaco, devoto de la China, caporal del baile «Morenos rusos «, pescador, boxeador, turronero del nacio, coliche y el muni.

Recordado por la gallada y la excelente imitación a » Cantinflas”, también por su trabajo de viejito pascuero en la desaparecida tienda «El Faro». Cuenta la leyenda urbana que se olvidaron de él, mientras se colgaba afuera de la tienda, pudiendo hacer sus necesidades en el acto, afortunadamente no sucedió.

El Chiri era suplementero y así lo recordamos todos en la bicicleta circulando por las calles con olor a pino Oregón. Amigos lo vieron últimamente trabajando medio cabizbajo entre los elefantes blancos. Las calles están desiertas, te has dormido para siempre Chiricaco, los brazos de la chinita aguardan tú llegada y el descanso eterno en la nueva morada. Seguro que serás una de esas estrellas que saben reír en el firmamento y nosotros nos reiremos contigo de lo simple y lo extraordinario.

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