Así se podría catalogar la actitud de la autoridad, es decir el intendente Mitchel Cartes y los seremis de Salud y Medio Ambiente, de tener guante blanco para tratar el tema de los malos olores de la pesquera. El hecho de sentarse en una mesa de trabajo para tratar el tema de cómo solucionarlo, ya es como un chiste viejo y repetido, cuando por el solo imperio de la normativa Corpesca debería cumplir las exigencias para evitar la hediondez.
Por su lado, la empresa asegura que tiene interés en sentarse a conversar para detectar las deficiencias en el proceso productivo. Si bien, para los antiguos iquiqueños el hecho originaba la frase «olor a dólares», que justificaba de alguna forma la hediondez, pero a costa de la salud de la comunidad.
Hace 20 años se reguló el proceso para evitar los malos olores, obligando -perdón, pidiéndoles por favor-, a las pesqueras que invirtieran y modernizaran el sistema de elaboración de harina de pescado.
El intendente Cartes en un comunicado de prensa indica: «Quiero ser claro y enfático que si detectamos algún tipo de irregularidades, como faltas a la legislación ambiental, vamos a tomar las medidas necesarias para obligar a mejorar los procesos, o incluso cerrar algunas plantas».
Ojalá el Pulento lo escuche y el Cuco se haga el sordo.













