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En la presente columna pretendo demostrar que el gobierno del Presidente Boric, con la premura de “dejar la casa en orden”, ha cometido un serio error en relación con el futuro de Zofri. Tal vez el calificativo más preciso sería alta traición a los intereses de Iquique y de nuestra región.
Los que hemos sido parte de la vida de Zofri conocemos muy bien el problema.
Un poco de latosa historia. En 1989, en el epílogo de la dictadura, Pinochet, a través de la Ley N° 18.846, pretendió privatizar Zofri. Con la llegada de la democracia, el gobierno de Patricio Aylwin modificó esta ley. El Parlamento de aquella época eliminó el artículo 10, que estipulaba un 33% de las acciones para los trabajadores, otro 33% para los usuarios y un 34% para la comunidad. Con la modificación, el Estado se quedó con el 51% y el 49% del capital accionario quedó en manos del sector privado.
La primera reacción ciudadana fue oponernos a esta solución. Es decir, queríamos que siguiera siendo una empresa pública, tal como habían sido sus orígenes legales. En aquella época, a comienzos de los 90, fuimos en una pequeña delegación a Santiago. Entre ellos estuvo presente Ernesto Lo; por Jorge Soria Q., Alejandro Hinojosa; y quien suscribe. El vicepresidente ejecutivo de Corfo, don René Abeliuk M., nos hizo promesas que después se olvidaron. La onda predominante en el mundo en esos momentos era el “capitalismo popular”.
Así se pusieron a la venta las acciones al valor de $40. Nosotros, que nos oponíamos a esta medida mixta, los trabajadores, al final de cuentas y con gran esfuerzo, compramos —aunque fuera simbólico— 1.100 acciones. Esto nos daba el derecho a levantar la voz y ejercer el “derecho a pataleo” desde la misma instancia jurídica, en defensa de nuestra ciudad, de los trabajadores y del propio sistema de Zofri. A nivel nacional agradezco a Manuel Bustos y Arturo Martínez. En el plano local, a Raúl Torres I., por implementar esta compra accionaria.
En el plano legal nace el Decreto con Fuerza de Ley 672 del año 1990. Dos cosas importantes:
- Duración por 40 años del contrato de concesión (artículo 4°).
- La sociedad administradora y explotadora pagará el precio de la concesión, un 15% a las municipalidades (artículo 6°). Hoy son 11 municipalidades de las regiones de Tarapacá y Arica.
Desde esa época —septiembre de 1990— hasta nuestros tiempos han pasado 35 años. Mucha agua ha corrido bajo el puente. Grandes conflictos han sido la constante. La fuga de empresas industriales fue el primer golpe del Estado y de grupos accionarios contra el sistema y la ciudad. Las políticas de corto plazo y su estrategia de aumentar el valor de las acciones se materializaron en un alza abusiva y desmedida de tarifas, afectando directamente las comisiones de los vendedores y jefes de módulos. Al final, lo importante era recaudar más utilidades para transferir a Corfo. Además, un carnaval de directores y gerentes de consuelo político. Aparte del incremento del crecimiento inmobiliario, se agravó la falta de competitividad y la enfermante ineficiencia, con una planta de funcionarios sobredimensionada y altos costos operacionales.
Se puede afirmar que Zofri, siendo una palanca de desarrollo de nuestra ciudad, perdió su esencia fundacional. El centralismo la convirtió en una empresa más dentro del andamiaje del Sistema de Empresas Públicas (SEP), con domicilio en Santiago. Un botín de guerra, como en el período colonial de la historia de nuestra República. Iquique perdió, con estas políticas económicas del centralismo neoliberal, todo control regional. Solo la lucha de los gremios empresariales y del Sindicato Interempresas de Zofri —me costaron tres huelgas de hambre— nos permitió sobrevivir. Sacamos adelante la Ley de Ampliación de Zofri hacia Alto Hospicio, Ley N° 19.669 (2000). Asimismo, la Ley 19.827 (2002), que permitió elevar el equipaje viajero de US$ 500 a US$ 1.000, reajustable de acuerdo al IPC. Hoy supera los US$ 1.300. No fue fácil, pero lo logramos. Así como también logramos que los trabajadores estuvieran en su directorio con un representante: Freddy Alonso Oyanadel (un digno director).
Hablemos de política. Cuando llegó a La Moneda el Presidente Boric —mi presidente— lo primero que hizo fue retirar el proyecto de ley que había ingresado al Parlamento el gobierno de Sebastián Piñera (Q.E.P.D.), cuyo objetivo era recuperar la competitividad del sistema. Este proyecto era un real avance, pero no recogía nuestras aspiraciones principales. Entonces yo concluía que, por ser un gobierno con tendencia de izquierda, enviaría un nuevo proyecto de ley recogiendo las demandas de nuestra ciudad. Ahora, por sobre mi pensar político, puedo esgrimir un juicio categórico. Aquí no se trata —por favor que se entienda— de denostar a personas.
Desde el retiro del proyecto de la derecha, esperábamos que ingresara el proyecto de la izquierda. Recuerdo nuestros viajes a Santiago. Expusimos en el Ministerio de Hacienda y en el SEP las demandas sobre el futuro de Zofri. Nos escucharon, tomaron nota y entregamos documentos. Aprovechamos cada oportunidad. Les resumo:
- Traspasar el poder de decisión de la Zona Franca desde Santiago a Iquique.
- Que las acciones de Zofri S.A. que posee el Estado se traspasaran a una entidad jurídica regional, sin fines de lucro, para el desarrollo de Tarapacá y del norte de Chile.
- Que todos los directores de Zofri sean de la región.
- Que el 50% de las utilidades de Zofri se reinviertan en la región.
- Que el precio de la concesión sea del 30% para las comunas.
- Que el Reglamento Operacional Interno sea confeccionado en forma tripartita y que su modificación sea aprobada por el delegado presidencial.
En este largo peregrinar llegamos a la misma nada. Más de lo mismo. El gobierno del Presidente Boric no quiso regionalizar Zofri. Ese es su legado. Nos hace una muy mala maniobra —y poco inteligente— antes de irse el próximo 11 de marzo. Lo sabio habría sido dejar que el futuro de Zofri quedara en manos del nuevo gobierno. Hicieron un buen diagnóstico y punto. Hay otros intereses en juego. Gracias.
En El Sol de Iquique creemos en estar siempre del lado de la gente y con los ojos bien abiertos sobre quienes toman decisiones. Pero también somos un medio pluralista: las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan lo que piensa este medio.













