La diputada María Luisa Cordero se mandó una frase que no tiene cómo defenderse: dijo que los bolivianos “tienen disminución del oxígeno cerebral” por vivir en el altiplano, y que eso les genera una “encefalopatía hipóxica crónica”. Para rematar, los trató de “tontorrones”. Así, como si estuviera en consulta privada y no en el Congreso.
La respuesta desde Bolivia no tardó. El presidente Luis Arce anunció acciones diplomáticas y varios parlamentarios pidieron que se declare a Cordero persona non grata. Hasta ahí, todo serio.
Pero entonces apareció el viceministro Gustavo Torrico, que en vez de subir el nivel, se fue por la tangente y soltó un comentario que parece sacado de sobremesa con vino malo:
“Hace muchos años, una revista mostró que en América, los que la tenían más chiquitita eran los chilenos”, dijo Torrico, agregando que “si a nosotros nos falta oxígeno, a ellos les debe sobrar colágeno, ya que viven de pescado”.
Sí, leyó bien. Pasamos de una agresión médica a una competencia de virilidad nacional. Como si el conflicto diplomático se resolviera con una regla en la mano y una revista de anatomía comparada.
Lo cierto es que los dichos de Cordero son repudiables por donde se les mire. No hay ciencia ni sarcasmo que los justifique. Pero lo de Torrico tampoco ayuda: su respuesta parece más un chiste contado en mala hora que una defensa seria de su país.













