CEGATINNI
Hay partidos que se juegan con la tabla, y otros que se juegan con el alma. Cuando aparece San Marcos de Arica al frente, el iquiqueño sabe que no es un duelo cualquiera: es memoria, es identidad, es ese cosquilleo que solo provoca el archirrival.
Desde temprano el Tierra de Campeones se sintió distinto. Banderas al viento, bombos marcando el ritmo y un ambiente que parecía cargado de electricidad. El clásico del norte no se explica: se vive.
LEDESMA
El arranque fue áspero, como dicta la historia. Pierna fuerte, roces, miradas desafiantes. San Marcos vino a cortar y enfriar, pero el Dragón respondió con presión y garra. Hasta que, a los 30’, Franco Ledesma se elevó entre todos y metió un cabezazo que desató la primera explosión celeste. Un gol de esos que se gritan con el alma.
Con la ventaja, Iquique salió a jugar con más soltura. A los 61’, Bayron Barrera aprovechó un rebote y la mandó a guardar con un remate cruzado que dejó sin reacción al arquero ariqueño. El estadio se vino abajo.
San Marcos intentó reaccionar, pero el Dragón estaba encendido. A los 69’, Edson Puch —sí, el mismo que tantas alegrías ha dado— coronó una jugada rápida con un toque sutil que hizo delirar a la hinchada.
CHANCHITO
Y cuando el partido ya era una fiesta, llegó el broche de oro: penal a los 82’ y Álvaro Ramos, el Chanchito, lo cambió por gol con la tranquilidad de quien conoce esta camiseta desde niño.
Con el 4-0 consumado, el Tierra de Campeones fue pura celebración. Abrazos, cantos, lágrimas y esa sensación de justicia futbolera que solo un clásico bien ganado puede entregar.













