ALE.
Llegué a la Quinta como enviada de El Sol de Iquique, con mi credencial colgando y ese aire profesional que una intenta mantener aunque el festival te revuelva todo. Y sí, venía a cubrir la noche de Mon Laferte con distancia periodística… pero ya te adelanto que esa distancia duró exactamente hasta que sonaron los primeros acordes de Tu falta de querer. Ahí se me cayó el personaje. Porque una podrá ser reportera, pero también ha tenido el corazón hecho pebre más de una vez.
Mon salió con esa mezcla de seguridad y vulnerabilidad que solo ella maneja. No necesitó presentación: la Quinta la reconoció antes de que abriera la boca. Y su setlist fue un viaje directo por todas las versiones de sí misma. Partió con fuerza, con canciones que levantaron a la gente de inmediato, y luego fue bajando a esos temas que te aprietan el pecho aunque jures que ya superaste todo.
Yo tomaba notas, claro, pero también cantaba bajito. No lo voy a negar. Cuando llegó Tu falta de querer, me encontré tarareando como si estuviera en mi pieza, no en medio de la Quinta con miles de personas. Y ahí entendí por qué Mon provoca lo que provoca: porque canta desde un lugar donde todas hemos estado alguna vez.
La noche avanzó entre clásicos, guiños a su historia y un público que la acompañó en cada frase. Y cuando llegó el momento de la Gaviota, fue inevitable pensar en lo que significa verla ahí, tan dueña de su espacio, tan distinta a esa joven que conocimos en Rojo, cuando el Rafa Araneda la presentaba con esa sonrisa de animador eterno. Qué vueltas da la vida: de un programa de talentos a ser una de las artistas más importantes de Latinoamérica, recibiendo el máximo símbolo del festival.
Pero hubo un detalle que no pasó no piola: en el homenaje que se hizo durante la noche, la alcaldesa Ripamonti no apareció. No la incluyeron. Y la ausencia se sintió rara, como un vacío que nadie explicó. En un festival donde cada gesto se lee, ese gesto se leyó fuerte.
Mon cerró con la misma intensidad con la que empezó, entregando una presentación que fue más que un show: fue una conversación emocional con un público que la quiere de verdad. Y yo, que venía a cubrirla con distancia profesional, terminé cantando, recordando y escribiendo con el corazón un poquito más blando de lo que admito en voz alta.













