El 30 de marzo de 1985, Chile vivió uno de los episodios más brutales de la dictadura militar: el secuestro, tortura y asesinato de tres destacados profesionales, conocidos como las víctimas del “Caso Degollados”. Sus nombres quedaron grabados en la memoria colectiva: Santiago Nattino, diseñador gráfico; José Manuel Parada, sociólogo y jefe del Departamento de Análisis de la Vicaría de la Solidaridad y Manuel Guerrero, profesor y dirigente gremial.

Nattino fue secuestrado el 28 de marzo cerca de su hogar, mientras que Parada y Guerrero fueron raptados al día siguiente frente al Colegio Latinoamericano de Integración, en Providencia, en un acto que dejó atónitos a alumnos, apoderados y profesores. Los tres fueron llevados a un cuartel de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar), donde fueron sometidos a torturas antes de ser asesinados. Sus cuerpos, con signos de degollamiento, fueron hallados en Quilicura.
Los responsables y las repercusiones políticas
La investigación reveló que los autores del crimen eran agentes de la Dicomcar, un organismo de inteligencia de Carabineros. Este caso generó un impacto político significativo, ya que la implicación directa de Carabineros llevó a la renuncia del general César Mendoza, miembro de la Junta Militar, en agosto de 1985. Fue un golpe a la credibilidad del régimen y evidenció fisuras en su estructura represiva.
El rol del juez José Cánovas
El juez José Cánovas, designado como ministro en visita, lideró la investigación del caso. Su labor fue crucial para procesar a 13 agentes de Carabineros, incluyendo altos mandos. Aunque enfrentó obstáculos, su tenacidad marcó un precedente en la búsqueda de justicia durante la dictadura.
Perspectiva 40 años después
Hoy, cuatro décadas después, el Caso Degollados sigue siendo un caso brutal de cómo la dictadura sembraba el terror entre sus opositores. El Memorial Tres Sillas, en Quilicura, se erige como un espacio de reflexión y homenaje.
El presidente Gabriel Boric, en el aniversario, destacó que «su ejemplo, coraje y sueños por un mundo mejor siguen vivos en nosotros». Este caso no solo marcó un hito en la historia de Chile, sino que también refuerza la importancia de mantener viva la memoria para evitar que hechos similares se repitan.













