domingo - 18/04/2021

El circuito cerebral que conduce al bullying en niños y adolescentes

El circuito cerebral que conduce al bullying en niños y adolescentes

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


Un estudio llevado a cabo por un equipo de neurocientíficos de la Escuela de Medicina de Mount Sinai, Nueva York, Estados Unidos, determinó que existe un tipo de circuito cerebral que induce y motiva a  algunos niños,  niñas y adolescentes  a practicar el bullying en contra de sus compañeros de colegio.

El “bullying” –acoso escolar o matonaje escolar–, alude a cualquier forma de maltrato, intimidación y abuso, ya sea de carácter psicológico, verbal o de tipo físico que se genera entre estudiantes de manera reiterada a lo largo de un periodo de tiempo, ya sea que se produzca al interior –o fuera– de los establecimientos educacionales, o bien, a través de las redes sociales, es decir por medio del “ciberbullying” o acoso cibernético. Este último método de intimidación –dado el cierre de los colegios por causa del coronavirus–, ha tendido a incrementarse de una manera sostenida y peligrosa, siendo una de sus formas más leves de expresión y práctica el uso de “las burlas y el bloqueo en las redes sociales”.

El estudio determinó que este tipo de acoso en contra de sus compañeros  causaría una sensación de placer en los niños y adolescentes que lo practican. Ello, como consecuencia del sistema de recompensa que tiene el cerebro en una zona llamada cerebro anterior basal –o prosencéfalo basal– y el circuito habénula lateral, el cual, a su vez, estaría conectado con el sistema límbico que controla las emociones y el comportamiento de las personas.

En función de lo anterior –y de acuerdo con el Dr. Scott J. Russo, neurocientífico y uno de los autores del estudio– el bullying activaría el “circuito primario de recompensa cerebral”, el que estaría involucrado en el grado de inclinación que experimenta el sujeto a practicar el matonaje, acto que se asocia con el hecho que un determinado subgrupo de individuos experimenta, justamente, sensaciones agradables y placenteras al acosar a la gente, en tanto que en el caso de otro grupo de personas, éstas tenderían a evitar completamente la realización de actos de intimidación física y psicológica.

En definitiva, la investigación puso al descubierto que los actos de acoso y maltrato en contra de los demás –conducta que se presenta, principalmente, en la etapa escolar– causarían placer y satisfacción en el cerebro de aquellos niños y niñas que hacen bullying, condición que explicaría la ocurrencia y repetición en el tiempo de estos actos.

Los científicos destacan que en la conducta agresiva influye un factor de inadaptación que se asocia a una serie de trastornos de carácter psiquiátrico, estimándose que se genera, en parte, por una activación inapropiada de los sistemas de recompensa del cerebro en respuesta a estímulos sociales agresivos y/o violentos.

No está de más señalar, que el bullying practicado por los estudiantes de básica y enseñanza media, puede tender, posteriormente, a adoptar la fórmula del “mobbing” a nivel de personas adultas, es decir, un comportamiento abusivo que se relaciona –y que se expresa– directamente en el ámbito laboral a través del maltrato de los colaboradores y de los compañeros de trabajo.

En este caso, y de acuerdo con las investigaciones de la Dra. Marie-France Hirigoyen, psiquiatra francesa especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico, hablamos, precisamente,  de “acoso laboral”, “acoso moral” o “intimidación psicológica” (mobbing o harassment), una conducta que es practicada, principalmente, por la jefatura y por algunos compañeros de trabajo, un comportamiento que hace referencia a las acciones y actos por parte de un acosador –o grupo de acosadores– con el propósito de infundir temor, miedo, terror, desánimo, o bien, expresar burlas y desprecio hacia un determinado trabajador(a) –o grupo de trabajadores– afectando su autoestima, su desempeño laboral,  su salud y equilibrio mental, y cuyo fin último, lo que busca –en el caso de las jefaturas– es que la persona renuncie a su trabajo, ahorrándose la empresa por esta vía, el pago de una indemnización al o a los trabajadores afectados, quienes, cansados por el constante maltrato, acoso y abuso que reciben, optan –por un tema de sanidad mental y física– hacer abandono de la empresa en forma voluntaria.

El ejemplo de lo que sucedió en la empresa France Télécom resulta ser muy claro, al mismo tiempo que dramático, por cuanto,  en un lapso de tiempo de tres años –de 2008 a 2010– 49 de sus trabajadores optaron por el suicidio debido a los malos tratos recibidos por parte de sus jefes y gerentes, así como también a causa del pésimo ambiente laboral que reinaba en la empresa. Posteriormente, durante el año 2014 se produjo una segunda ola de suicidios y otros 10 trabajadores de la empresa tomaron el mismo camino que sus compañeros y se suicidaron dejando cartas que culpaban directamente a sus jefaturas de su decisión.

Como consecuencia de esta dramática situación, el Gerente General de la empresa, Didier Lombard, así como varios de sus altos directivos fueron acusados y procesados formalmente como imputados ante los Tribunales de Justicia franceses de “instituir métodos brutales de gestión” al interior de la empresa.

Se sobre entiende que Francia, lamentablemente, no es el único país donde suceden este tipo de cosas. De ahí entonces, la  gran importancia de prestar mucha atención a estas conductas tan despreciables de acoso y de matonaje, ya sea de tipo escolar o laboral, con la finalidad de ayudar a ponerles un punto final.

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Comentarios

Una respuesta

  1. Si bien los neurocientificos de la Escuela de Medicina de Mount Sinai, en Estados Unidos, encontraron la explicación científica de por qué razón algunos niños y adolescentes practican el acoso y el matonaje escolar, ello de ningún modo constituye una justificación alguna para que estas reprochables y aberrantes conductas en niños y adolescentes se sigan cometiendo -y repitiendo-, dado el grave daño psicológico -e incluso físico- que provocan en sus víctimas.
    Especialmente, porque posteriormente, estos mismos niños y adolescente podrían convertirse en los acosadores laborales de sus subordinados y/o compañeros de trabajo cuando adultos.

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