CEGATINNI
Otra tarde dura en el Tierra de Campeones. El Dragón Celeste se jugaba más que tres puntos frente a La Serena: se jugaba la esperanza, el orgullo, la permanencia. Pero no se pudo. Perdimos 2-1 y la herida sigue abierta.
Jeisson Vargas nos hizo daño con dos goles. El descuento de Edson Puch a los 74 minutos nos devolvió el alma al cuerpo por un rato, pero no alcanzó. Para colmo, en los últimos minutos se cayó el VAR. Así nomás: sin tecnología, a la antigua como los Picapiedras, como si no bastara con todo lo que ya venimos aguantando.
La tabla no miente. Iquique sigue último, con apenas 15 puntos en 26 fechas. Son 17 derrotas que pesan como una mochila de cemento. Estamos a cinco puntos del penúltimo y el margen se achica. Cada partido que viene es una final, y no hay espacio para errores.
La Serena, en cambio, se aleja de la zona roja con 27 puntos. Nosotros seguimos en el fondo, pero no estamos solos. La hinchada estuvo ahí, como siempre. Cantando, alentando, sufriendo. Porque este amor no depende de los resultados. Porque el Dragón es parte de nuestra historia, de nuestra piel.
Ahora toca levantarse. No hay tiempo para lamentos. Hay que salir a pelear cada pelota como si fuera la última. Porque si nos vamos, que sea con la frente en alto. Y si nos quedamos, que sea por nunca haber bajado los brazos.
Vamos Iquique. Que el fuego del Dragón no se apague.













