julio 20, 2024
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27

Nov

Palmatoria, el querido personaje de Barrabases.

El fútbol es una pasión que a veces se desborda, pero es inaceptable el racismo (Opinión)

JOSE CANCINO N.

Yo creo que la mayoría estamos de acuerdo en rechazar el racismo y las discriminación en todos los casos. Pero tampoco podemos dejar de lado algunas cosas que se dan en el fútbol, y no desde ahora, sino desde hace muchos años. El hecho ocurrido con el jugador de San Marcos de Arica, Emilio Rentería es reprochable y no tiene ninguna justificación, como tampoco tendría que los hinchas ariqueños traten de “huecos” a los iquiqueños, y menos que las barras de iquique traten de “llamos” a los fanáticos del club de la ciudad de El Morro.
Si se habla de respeto y dañar la fiesta del fútbol, entonces el que esté libre de toda culpa que tire el primer el grito.
En Arica defienden a Emilio Rentería y lo lógico es que así sea, y que nosotros como iquiqueños repudiemos los gritos racistas también, pero tampoco no podemos cuestionar la actitud del delantero de celebrar el gol frente a un equipo rival. Eso no se hace y cualquier jugador profesional sabe a lo que se expone, con esto no justifico el racismo, pero al fragor de la batalla futbolística se dicen muchas cosas.
He sido testigo de las groserías que le gritaban al “Negro” Ahumada, de los descalificativos que recibía el “Chino” Caszely y las pullas contra el “Pollo” Veliz. Y los coloco como ejemplo ya que no están en las canchas desde hace décadas.
Los árbitros también deben tener “cuero de chancho”, donde igualmente escuché improperios que ni en mi colegio oí. El réferi Hernán Silva podría escribir un libro de todo lo que le dijeron durante su carrera de “pito” en la canchas chilenas, ni qué decir de Salvador Imperatore. Es más, escuché hace muchos años en algunos medios trasandinos los peores conceptos (por decirlo suave) del árbitro argentino Javier Catrilli.
Pero esta columna no tiene el afán de justificar los gritos, ni cuestionar el llanto de Rentería, sino intentar contextualizar lo que pasa en una cancha desde la mirada de un espectador común y corriente.
Un ejercicio final. ¿Qué hubiera pasado si el clásico del norte entre Iquique y Arica se disputa en el Tierra de Campeones, donde un jugador celeste anota un gol y va a celebrarlo frente a la barra de San Marcos de Arica?

Dejo rebotando la pelota, simplemente para imaginarlo…

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