
nmonijalba@gmail.com
Comenzamos el año 2026 como quien despierta al borde de un ataque cardíaco. La invasión de EE.UU., ordenada por el Presidente Donald Trump, a Venezuela, y la operación militar de captura del Presidente Maduro y su esposa, cambian el escenario internacional en forma brutal.
Tuve el tiempo de ver el foro de emergencias de la ONU y todas las intervenciones de las potencias mundiales. Discursos que entran en los anales de nuestra historia reciente. No me quiero detener en analizar estas oratorias; creo que cada persona puede sacar sus propias conclusiones. Nobleza obliga. Desde mi firme convicción cristiana, por mi parte no soy partidario de la intromisión de otros países en asuntos propios de cada pueblo y nación. El respeto a su soberanía debiera regir como norma fundamental para la sana convivencia pacífica del mundo en que vivimos.
Por lo mismo, en nombre de la libertad, Donald Trump deja un saldo de alrededor de 100 muertos en un país que no está en guerra. Además, está la persecución de “supuestos” delitos cometidos por Maduro, hoy en manos de la Justicia de Nueva York. Reitero: cuando se trata de la lucha por el poder y el dominio del petróleo y otros recursos naturales, la CIA no tiene límites para concretar estos planes estratégicos.
Amigos y amigas, aquí no se trata de sacarle el cuerpo a las dificultades. Hay veces en que uno prefiere hacerse a un lado para evitar mayores problemas. Desgraciadamente, no siempre es así. Cuando nos toca enfrentar dificultades graves, lo mejor es ser sinceros y leales al espíritu del ser humano. Es difícil asumir esta verdad. Vivimos momentos muy complejos.
Chile, nuestro país, hoy se encuentra en medio de las potencias mundiales: por un lado EE.UU., con Donald Trump tratando de recuperar su dominio global “unipolar”, y por otro los BRICS, con China, Rusia y otros grandes países. No se trata de una guerra entre ideologías y partidos del siglo XX. Estamos en presencia de cambios estructurales profundos; vivimos una nueva época comercial, de transformaciones económicas producto de los avances tecnológicos y del comienzo de un nuevo orden financiero mundial. Es decir, presenciamos el fin del imperio de EE.UU. Son acontecimientos trascendentes; ningún país puede asegurar que está libre de sus consecuencias o coletazos.
Para reflexionar: mientras Donald Trump permanezca como Presidente de los EE.UU., es poco probable que exista un cambio de giro político que evite una próxima guerra mundial. Los acontecimientos en Venezuela nos muestran un cuadro internacional muy complejo. Es una lucha por los recursos del petróleo, demasiado cruciales y vitales para las potencias mundiales: EE.UU., China, Rusia e Irán. Sin dudas, EE.UU. impuso por la vía armada la defensa de sus intereses. Ahora puede desencadenarse en cualquier momento otro conflicto mayor. Puede ser total o parcial. Puede comenzar por cosas menores y escalar gradualmente y de forma focalizada. Tampoco se descarta que las operaciones militares descarguen misiles nucleares, supersónicos y estratégicos, obligando a una negociación entre las potencias involucradas.
El escenario después de la invasión a Venezuela queda abierto para que nuestro mundo se convierta en un verdadero infierno. El epílogo de lo que ha pasado en el país bolivariano será escrito por quienes tengan las mejores y más veloces armas destructivas de toda forma de vida. No quiero ser majadero, pero este ataque a Venezuela y la captura de Maduro y su esposa recién comienza a escribirse.
Un breve paréntesis. En estas líneas me separo de hacer defensa de una ideología. Lejos: parte de mi vida tiene vivencias que podrían definirse como insólitas y contradictorias. Tuve la oportunidad de estar en EE.UU., por esas cosas de la dictadura en Chile, conocer la Universidad Brigham Young, en Salt Lake City, y en ese tiempo a la joven doctora Joe Jacobs. Casi me quedé a vivir en EE.UU. En verdad, ella tenía una belleza de artista de cine, pero su hermosura espiritual derribaba fronteras; me acompañó en Victoria, al sur de Concepción. En fin, tengo muchos agradecimientos a todas las personas que me brindaron su solidaridad y amor en momentos de intensa persecución política. A todas esas personas, más allá de cuestiones políticas, mis agradecimientos eternos.
Volviendo al tema. Otra arista en Venezuela es que EE.UU. mantenga la defensa de sus intereses petroleros mediante una negociación directa con la actual mandataria, Delcy Rodríguez, colocando límites al accionar de las otras potencias involucradas. Maduro ya está fuera del poder y, una vez terminado el juicio, bien podrían liberarlo. Pragmáticamente, se dejaría a los venezolanos resolver sus problemas internos. Puede ser una salida más salomónica y con menos costos para EE.UU., siempre respetando las negociaciones de las otras potencias en Venezuela.
A mi juicio, Chile debe manejar estos asuntos con suma prudencia. Un paso en falso de la derecha en el Gobierno y el pueblo chileno pagará caro ese error. No me cabe la menor duda de que ese sería nuestro destino. No hay nada que celebrar. El actual Presidente Boric fijó su postura. Después del 11 de marzo, esa responsabilidad será del Presidente José A. Kast. También él ha expresado su opinión. El timón de Chile lo tendrá el nuevo Mandatario, y de seguro mantendrá la marcha para alcanzar nuestro desarrollo, donde nadie sobra y todos nos necesitamos. ¿Me equivoco? Gracias.
Nelson C. Mondaca Ijalba
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