
El reciente show de medio tiempo del Super Bowl abrió diversos frentes de interpretación. Para algunos, la puesta en escena de la cultura latina constituyó una crítica a la política de persecución migratoria impulsada por el gobierno de Donald Trump. Para otros, fue una forma de integración simbólica que no cuestiona realmente la estructura de poder estadounidense, e incluso una expresión de sumisión cultural a la misma administración que se dice interpelar.
En medio de ese debate surgió un meme que ironiza sugiriendo que el “espectáculo auténticamente decolonial” sería un sacrificio humano mesoamericano. La imagen —con una escena de sacrificio en lo alto de una pirámide— funciona como caricatura: si se critica el espectáculo occidental, entonces la alternativa sería algo más brutal y primitivo.
Pero más allá de la risa inmediata, surge una pregunta menos ideológica y más histórica: ¿esa escena corresponde realmente a una representación prehispánica?, ¿los pueblos mesoamericanos retrataban esos rituales como espectáculos públicos?, ¿o se trata de una imagen producida ya en contexto colonial?
Resulta imposible negar la existencia de sacrificios humanos en las culturas prehispánicas. En nuestra región, en el Cerro Esmeralda, se halló un entierro ceremonial de mujeres con evidencia forense de muerte por sacrificio. Pero reconocer esa realidad no significa aceptar que cualquier imagen de sacrificio que circule hoy deba asumirse automáticamente como un registro prehispánico directo.
La imagen del meme muestra arquitectura con volumen, espectadores y una escena escenográfica que sugiere un espectáculo público. Esa composición coincide con láminas del Códice Magliabechiano, manuscrito colonial temprano elaborado por pintores indígenas en el siglo XVI, donde las escenas adquieren un carácter más descriptivo y narrativo. Esa lógica visual la acerca más a representaciones producidas bajo contexto español que a un códice prehispánico ritual.
Los códices auténticamente prehispánicos que conservamos funcionan de otro modo. El ejemplo más conocido es el Códice Borgia, hoy resguardado en el Vaticano. En él aparecen escenas de sacrificio, pero no hay arquitectura en perspectiva ni público observando como espectáculo; las figuras se sitúan en un espacio simbólico y abstracto, de carácter cosmológico, donde el sacrificio forma parte de un sistema ritual vinculado al calendario sagrado y a la función sacerdotal, no de una crónica narrativa.
En definitiva, el meme no hace historia del mundo prehispánico; hace intervención política contemporánea. Utiliza una imagen del pasado para caricaturizar una discusión actual. Puede ser ingenioso. Tal vez el problema no sea la ironía, sino la facilidad con que reducimos civilizaciones enteras a una escena diseñada para ganar una discusión en redes sociales. Si algo dejó el show de medio tiempo, además de polémica, fue la evidencia de que seguimos discutiendo identidad y poder con imágenes simplificadas del pasado.
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