El partido de vuelta por los octavos de final de la Copa Sudamericana entre Independiente de Avellaneda y Universidad de Chile, disputado en el Estadio Libertadores de América, fue suspendido debido a violentos enfrentamientos entre hinchas de ambos equipos, dejando un saldo de numerosos heridos y detenidos.
RIESGO VITAL
Según información publicada por Radio Bío Bío, al menos 19 hinchas chilenos resultaron lesionados, algunos de gravedad, y están siendo atendidos en los hospitales Fiorito, Wilde y Presidente Perón de Sarandí. Entre los casos más críticos, se reporta un hincha de la «U» en riesgo vital, según informó el embajador de Chile en Argentina, José Antonio Viera-Gallo.
Los incidentes comenzaron cuando un grupo de hinchas de Universidad de Chile, ubicados en la Tribuna Pavoni Alta, lanzó proyectiles, butacas y bombas de estruendo hacia los aficionados locales, generando una respuesta violenta por parte de la barra brava de Independiente. Esta reacción escaló a una cacería brutal contra los hinchas chilenos que permanecían en el estadio, con imágenes escalofriantes de agresiones, desnudos forzados y un hincha que saltó al vacío para escapar del ataque.
CARE PALO
La dirigencia de Independiente, encabezada por Néstor Grindetti, merece una enérgica condena por su inacción y aparente complicidad con los barristas locales. Lejos de garantizar la seguridad, la falta de un operativo policial adecuado permitió que los agresores ingresaran a la tribuna visitante, dejando a los hinchas chilenos desprotegidos. Esta negligencia organizativa, sumada a la ausencia de contención en las tribunas, facilitó una escalada de violencia que transformó un evento deportivo en una tragedia. La postura de Grindetti, quien culpó exclusivamente a los hinchas de la U, ignoró la responsabilidad de su club en la falta de medidas preventivas y en el respaldo implícito a los actos vandálicos de su barra.
LA MONEDA
Por su parte, el gobierno chileno, liderado por el presidente Gabriel Boric, ha actuado con celeridad para proteger a los hinchas de Universidad de Chile afectados. Boric condenó la violencia y la “evidente irresponsabilidad en la organización”, priorizando la atención médica inmediata y el respeto a las garantías de los detenidos. El embajador Viera-Gallo fue enviado personalmente a las comisarías y hospitales para supervisar la situación de los hinchas chilenos, asegurando su seguridad y apoyo consular. Esta respuesta destaca el compromiso del gobierno chileno con sus ciudadanos en un contexto de extrema vulnerabilidad.
La Conmebol ha cancelado oficialmente el encuentro y derivará el caso a sus órganos judiciales para determinar sanciones, que podrían incluir la descalificación de ambos equipos y prohibiciones en torneos internacionales. Mientras tanto, el fútbol sudamericano queda nuevamente manchado por la violencia y la desidia organizativa, exigiendo una reflexión urgente sobre la seguridad en los estadios, con una sensación que la Conmebol se lava las manos.













