Si hay una cueca que no falta en las fondas, es la del Guatón Loyola. Todos la hemos cantado, y la vez zapateado o al menos escuchado entre empanadas y terremotos. Pero detrás de esa letra chispeante hay una historia real, con puñete incluido, que ocurrió en Parral allá por 1954.

El protagonista fue Eduardo Loyola Pérez, conocido como el Guatón Loyola, un martillero de ferias de ganado, experto en corretaje de animales y personaje de tomo y lomo. Una noche, después de un rodeo en el fundo de Santiago Urrutia Benavente, se armó la trifulca: tres huasos pasados de copas empezaron a molestar a las muchachas del casino. Palabras van, palabras vienen, y como buenos chilenos, se desató la pelea. Según contó el propio Loyola, hasta los carabineros dieron permiso para que se agarraran “como caballeros”.
En medio del entrevero, Loyola terminó debajo de una mesa, esquivando una silla que le tiraron. Y aunque la cosa no pasó a mayores, el episodio quedó grabado en la memoria… y en la música.
El autor de la cueca fue Alejandro “Flaco” Gálvez , libretista de radio y humorista, quien transformó la gresca en letra. La música fue obra de Luis Castillo Marín y Óscar Olivares Zúñiga, y la canción fue grabada por el dúo Los Perlas en 1956 bajo el sello RCA Víctor.
Aunque el hecho ocurrió en Parral, la canción lo sitúa en el rodeo de Los Andes, porque —según el Flaco Gálvez— rimaba mejor y era más conocido. Así nació una de las cuecas más emblemáticas del folclore chileno, junto a clásicos como La consentida o La rosa y el clavel.
El Guatón Loyola falleció en 1978, pero su nombre sigue vivo cada septiembre, cuando la cueca suena fuerte y el mito se vuelve música. Porque en Chile, hasta los combos pueden terminar en canción.













