ALE.
La Quinta ya estaba encendida cuando Jesse & Joy aparecieron en el escenario, y desde ahí todo fue cuesta arriba. Bastó que sonaran los primeros acordes de “Corre” para que el público se pusiera de pie como si alguien hubiera apretado un interruptor. Era ese tipo de show donde uno canta aunque no quiera, porque las canciones te las sabes desde hace más de una década, aunque jures que no.
Desde mi lugar, lo que más se sentía era la conexión inmediata. Joy, con esa voz que no se gasta nunca, se movía con una seguridad tranquila, mientras Jesse marcaba el ritmo y agradecía cada grito. El público estaba entregado: parejas abrazadas, adolescentes grabando todo, y un montón de treintañeros que venían a reencontrarse con la banda sonora de sus quiebres amorosos.
Cuando terminó “La de la mala suerte”, llegó el clásico momento Araneda. Ese grito que ya es parte del ADN del festival: “La Gaviota… de Plata… para Jesse & Joy”
La Quinta explotó. Ellos se miraron con esa mezcla de sorpresa y emoción que siempre funciona en Viña. Joy alcanzó a decir que este escenario les había abierto puertas desde el inicio.
ORO
Y como era de esperar, la historia se repitió minutos después. Apenas retomaron con “Espacio sideral”, el público ya estaba pidiendo la otra. Araneda no esperó mucho:
“Y ahora… la Gaviota de Oro”. Segundo estallido de la noche. Jesse, esta vez, se veía realmente conmovido.
Entre canción y canción, se notaba que no querían irse. Joy habló directo a la gente, agradeció, recordó sus primeras veces en Viña. Ese tipo de gestos que hacen que la Quinta se sienta más chica, más cercana.
El cierre fue un repaso de baladas que todos cantaron como si estuvieran en un auto a las tres de la mañana. Y cuando ya parecía que se despedían, vino el momento más íntimo de la noche: un homenaje a su padre, quien fue clave en sus primeros pasos musicales. Joy lo mencionó con una mezcla de orgullo y nostalgia, y dedicaron una última canción en su memoria. La Quinta quedó en silencio unos segundos antes de volver a aplaudir.
Así se vivió Jesse & Joy desde la Quinta: emotivo, cercano y con ese toque de nostalgia que, a veces, una agradece reencontrar.













