marzo 5, 2024
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08

Abr

L A I N V I S I B L E S O L E D A D

por GONZALO VALLEJO LEGARRETA

Como no creyente, estructuro la idea de dios como un objeto puramente racional y dogmático.. Pero se las debía a Gabriel Guarda, monje católico de la Orden Benedictina. Le conocí, quizás por un abstruso misterio, cuando ya era un reconocido investigador e intelectual de la historia chilena con méritos más que suficientes para obtener, con todo lo que ello significó en su vida ascética, el Premio Nacional de Historia. Nunca he comprendido su opción de vida, pero creo que eligió el cenobio con absoluto discernimiento espiritual y porque no quiso contaminarse con la terrible y depresiva mundanidad que ha llevado al hombre actual a ser un simple habitante de este planeta triste y agobiante. Sé que su sólida vocación monástica es sincera. Su vida silenciosa, en convivencia con su activo trabajo como profesor universitario, le ha llevado a proyectar una de las aventuras más significativas y arcanas de nuestra temporal existencia, la cual es buscar, mediante la fe, la verdad de un dios inasible y de existencia no comprobada, problema que ha sido una de las ideas principales del ser humano y que para muchos sólo se interpreta como una herida libertad. Realmente es admirable la capacidad de este monje, quien aún practica el cenobitismo con perfecta consecuencia vital y mental, para abstraerse a un estado contemplativo lejano y pensativo. De acuerdo a su convicción monástica y a su intachable vida construida en soledad, vida que maduró en soledad junto al claror de amaneceres indescifrables, comprendió, además, que debía apartarse de la corrupción moral que ha corroído y sigue destruyendo todo el ya no probo bagaje de una institución en decadencia por sus execrables delitos que históricamente conocemos. Para un no religioso sólo cabe aceptar con respeto su creencia mítica. A este respecto, pienso en la expansión del aroma de la acacia como estructura permanente de la razón humana. Gabriel Guarda Geywitz, un gran y consecuente católico, sigue participando de una historia increíble que él imaginó como monje y arquitecto. La sigue viviendo con comprensión, sencillez y humildad. ¡ Qué raro me resultó escribir estas palabras !

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