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May

La Banda del Dragón: el alma sonora de Iquique que no debe morir jamás | Vianka Harder Prieto

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Vianka Harder Prieto, iquiqueña.

Durante una transmisión internacional de Copa Sudamericana, un comentarista de ESPN hizo una pausa para comentar algo que le llamaba profundamente la atención: “Esa bandita que no deja de sonar”. Y es que no se trataba de cualquier grupo. Lo que escuchaba —y lo que escuchamos todos quienes seguimos a Deportes Iquique— es la Banda del Dragón, una agrupación que hace mucho dejó de ser solo una banda de estadio para convertirse en el alma sonora de un equipo, de su hinchada y de toda una región.

Nacida el año 2011, la Banda del Dragón está compuesta por 43 músicos que pertenecen a distintas bandas de bronce de la Región de Tarapacá. Lo suyo no es improvisado: es el resultado de una herencia musical que se ha transmitido por más de cien años en nuestro territorio, donde aprender a tocar un instrumento es casi tan natural como aprender a caminar. Tarapacá —cuna de músicos— vibra con la música, y esta agrupación le puso esa vibración al fútbol.

Cada integrante tiene una especialidad —trompetas, bombos, cajas, entre otros instrumentos— y juntos componen una orquesta popular que transforma cualquier partido en una celebración colectiva. En términos simples: fiesta y carnaval. Pero no se trata solo de tocar: hay horas de ensayo, composición, afinación de melodías y una entrega absoluta, desinteresada y autogestionada.

En tiempos en que nuestro fútbol nacional se ve sacudido por incidentes y sanciones que han obligado a jugar partidos a puertas cerradas, la ausencia de esta banda se siente como un silencio brutal. Porque el sonido que generan no es solo música: es pertenencia, resistencia, alegría, identidad. Afortunadamente, la tecnología ha permitido que incluso en esos días grises podamos seguir escuchándolos. Se han dado el trabajo de grabar y producir mix musicales que acompañan los partidos como si estuvieran ahí, recordándonos que el amor por la camiseta trasciende cualquier obstáculo.

Pero su legado va más allá de la cancha y del presente. Hoy, la Banda del Dragón imparte talleres a niñas y niños que quieran aprender música. Les enseñan desde cómo sostener un instrumento hasta cómo interpretar un ritmo con sentido. Porque su misión no es solo alentar: es formar, educar, perpetuar una identidad sonora que define a Iquique. No quieren que este fuego se apague. Y por eso, su última creación musical no es casual: «Un amor como el nuestro, no debe morir jamás.»

Y no es casual que esta columna se publique en mayo. Este mes no solo conmemoramos el Combate Naval de Iquique y el valor de Prat, sino que también celebramos el aniversario del Club Deportes Iquique, el equipo que une a toda una ciudad bajo una misma pasión. En este mes tan cargado de historia y orgullo, es justo rendir homenaje también a quienes mantienen viva esa llama desde la música. La Banda del Dragón no desfallece, no se calla, no abandona. Sigue firme, como estandarte sonoro de un Iquique que nunca se rinde.

La Banda del Dragón no es solo una banda. Es un patrimonio vivo de Tarapacá. Y como tal, merece ser reconocida, cuidada y celebrada. Por lo que hacen hoy y por todo lo que dejarán mañana.

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