lunes - 02/08/2021

La ciudad sin sombras

La ciudad sin sombras

Por GONZALO VALLEJO

La ciudad sin sombras era una ciudad tan solitaria, tan triste y solamente habitada por seres melancólicos, seres pobres, seres malditos y seres que lloraban porque las mariposas se habían extraviado en vuelos negros y errabundos. El poeta llegó a la ciudad sin sombras un oscuro día de invierno, un día en el cual hasta los árboles sollozaban al sentirse desnudos. Ella vive aún en la ciudad sin sombras.

Ella es una poeta, no una poetisa, una poeta y es una hermosa y delicada mujer, quizás una de las más hermosas que el poeta haya visto en su vida. La ciudad sin sombras era la ciudad perfecta para ella, la poeta, tan bella, tan afligida, tan cercana al sufrimiento, ese sufrimiento tan doloroso de tristeza y tan cercano a la oscuridad de una noche renegrida que hasta los muertos temen salir de sus tumbas. Coincidió con ella por el azar de la vida y pudo observar, de manera inexplicable, su cercanía casi absoluta a la soledad, una soledad sosegada, una soledad conventual, una soledad eremítica y que la ha llevado a escribir una poesía pletórica de belleza absoluta , una poesía de amor casi misteriosa o casi enigmática y casi flagelada. Ella, la poeta arcana, la poeta escribidora, la poeta que ama la poesía, que ama el amor con fuerza religiosa y noctámbula. ¡ Qué insólito amar la poesía y escribir del amor en este tiempo tan extraño !
La ciudad sin sombras, esa ciudad tan terriblemente pintada de gris, ese gris tan apesadumbrado y abatido, que el sol no puede traspasar con hidalguía esa muralla impenetrable y en la cual la poeta, la poeta de la ciudad sin sombras, apareció casi como una visión , en la mágica desolación del poeta, como la poeta íntima, sentimental, lúdica, severa consigo misma, natural, directa. El nunca imaginó, ni siquiera sospechó, que al verla por primera y única vez se convertiría en el último gran amor secreto de su vida. El amor que él había esperado lo había encontrado. Un amor tan potente como la soledad espacial y tan fuerte como una piedra celestial.
Este relato lo escribo bajo una alameda triste e ignara de la tristeza que me invade, inspirado en unas notas amorosas que dejó un poeta fallecido cuarenta y cuatro años ya. Al leer las notas comprendí que el vate jamás escuchó la voz de la poeta y que sería la única vez que la vería en su vida. ¿ Cómo se puede sentir tanto amor en tan poco tiempo ? La poeta, quien aún escribe y sueña en la ciudad sin sombras, vive aislada y enmudecida en algún recóndito lugar, rodeada de lirios cósmicos. Ella supo, al mirar los ojos del bardo, por esa única vez , ojos ya inmóviles y silenciosos, que también había encontrado el amor verdadero, el amor soñado . El poeta no alcanzó a saber que fue amado. Sólo se fue volando para conocer la soledad, la soledad fantasmal que él tanto buscó en su forma terrestre.
Esta es una historia ficticia basada en los devaneos emocionales de un ser atormentado y es sólo el producto de la enfebrecida imaginación del articulista.

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