julio 20, 2024
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07

Jul

Las múltiples máscaras que usan las personas | Dr. Franco Lotito C.

FOTO FRANCO LOTITO OCT. 2020
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservivios.cl
Conferencista, escritor e investigador (PUC)

Digamos de partida que “cuando la máscara se cae, uno aprende a darle a las personas el valor que se merecen”.

Si una persona analiza el significado de la palabra “mascara”, el diccionario de psicología consigna que, “en sentido figurado, se llama máscara a la conducta adoptada por una persona cuando asume un rol determinado”, un rol que puede estar asociado a conductas de encubrimiento, ocultación, falta de autenticidad, etc., de ahí que se diga “que toda máscara tiene un agujero por donde la verdad se escapa”.

Una máscara es todo aquello que permite ocultar la verdadera forma de ser de un determinado sujeto frente a quienes lo observan y representa un conjunto de posibles engaños, mentiras y justificaciones, con la finalidad de impedir que otros vean la realidad subyacente de las cosas y/o del comportamiento del individuo en cuestión.

De forma complementaria, la máscara se transforma en el conjunto de actitudes que el sujeto proyecta hacia el exterior –y hacia los demás– que permite ocultar la verdadera forma de ser de una determinada persona. Con el pasar del tiempo –y si el sujeto no se decide a realizar un cambio radical en su forma de actuar– la máscara que utiliza en ese momento pasará a reemplazar a su verdadera personalidad. En rigor, podemos decir, que a lo largo de la vida conoceremos muchas máscaras, pero pocos rostros.

Es posible que muchos recuerden la película “La máscara” protagonizada por el actor Jim Carrey, cuya trama gira en torno a un monótono, anodino y socialmente inepto empleado bancario, quien, al hacerse de un máscara poseedora de ciertos poderes se transforma, en un abrir y cerrar de ojos, en un verdadero Romeo, en un sonriente, sexi, fuerte y poderoso individuo, a raíz de lo cual, ya no quiere volver a ser el sujeto invisible, anodino y que pasa inadvertido ante el resto de la gente.

Revisemos algunas de estas máscaras.

  1. La máscara del sujeto agresivo: es el sujeto que comienza a defenderse antes de que los demás, supuestamente, intenten atacarlo. Es autoritario, genera miedo en los demás y tiende a agredir a las personas de su entorno cercano, imponiendo sus ideas por medio de la fuerza y la amenaza. No obstante lo anterior, debajo de esa máscara autoritaria y agresiva puede esconderse un sujeto que tiene miedo al fracaso, a no ser capaz de responder a las expectativas que se tienen de él, a ser incapaz de comunicarse de manera efectiva y adecuada con las personas de su entorno, a raíz de lo cual, opta por el uso de la agresión y de infundir miedo.
  2. La máscara del sujeto criticón: siempre está cuestionando a los demás, jamás está de acuerdo con lo que otros dicen o hacen. Aparece como un sujeto “sabelotodo” y desde esa postura descalifica o desvaloriza lo que los demás aportan como ideas u opiniones. En el fondo, puede que estemos ante un sujeto que tiene temor a no estar en condiciones de sentir, pensar o hacer en concordancia con las demandas de su entorno. Su mayor temor es no ser capaz de cubrir las expectativas sociales, situación que lo conduce a ver todo con un lente negativo.
  3. La máscara del sujeto indiferente o del… “¡qué me importa a mí!”: aparenta ser un individuo al cual nada le interesa o nada le importa, alguien que no se conmueve con nada de aquello que ocurre a su alrededor y de que no le afecta o que le “resbala” aquello que los demás piensen o digan de él. Es posible que este sujeto tenga mucho temor al rechazo, que experimente miedo a involucrarse con las personas  y que éstas descubran sus aspectos vulnerables y que, al final, termine saliendo lastimado de la relación.
  4. La máscara del “yo no fui”, “yo no sé”: nunca sabe nada y tiende a aparecer como un sujeto ingenuo e inocente ante los demás. Con sus actitudes hace sentir culpables a las personas que lo rodean y nadie puede cuestionarlo, ya que siempre  se las arregla para aparecer como la “víctima”. En este caso, es probable que estemos frente a un individuo que tiene temor a asumir responsabilidades, a hacerse cargo de sus propios actos y decisiones.
  5. La máscara del payaso o del sujeto “chistosito”: hace creer a los demás que todo es alegría. Es un sujeto que se ríe y que se burla de los demás, aparentando que nada es serio en su vida y que todo es algo superficial y muy jocoso. La realidad puede ser todo lo contrario y estaríamos ante un sujeto que tiene temor a intimar con la gente, a raíz de lo cual, por intermedio del chiste y de la risa establece una barrera, una distancia, con la finalidad de evitar la cercanía con la gente, condición que podría sacar a la luz que es un sujeto que no es del agrado de las demás personas.
  6. La máscara del sujeto popular: aparece ante las personas como un individuo canchero, con mucho desplante y que capta toda la atención y aceptación de las personas de su entorno. Tiende a minimizar a aquellos que lo rodean e intenta hacer creer a la gente que “su estilo y su forma de ser” es como los otros deben comportarse, a fin de ser aceptados en el grupo o en la sociedad donde están insertos. Incluso, puede llegar a burlarse de aquellos que no se someten a sus exigencias y que tienen una manera diferente de actuar a la de él.  Lo que realmente puede estar sucediendo, es que esta persona no desea que los demás adviertan su inseguridad y el gran temor que le genera la posibilidad de sentirse rechazado por quienes están en su entorno cercano.
  7. La máscara del sujeto confundido: son individuos que no son capaces de tomar decisiones porque no están seguros de sus consecuencias, a raíz de lo cual, cambian de manera permanente de idea y de postura. Con este tipo de sujetos, uno nunca sabe cuál es el rumbo o dirección que tomarán. En realidad, frente a nosotros tenemos a un sujeto que tiene miedo al compromiso y a involucrarse con alguien o con algo, a optar por una forma determinada de pensar, sentir y actuar, porque estima que de esa forma las otras personas podrían invadir su espacio personal y obligarlo a tomar una decisión, cuyas consecuencias le resultan imposibles  de visualizar.

Digamos finalmente, que el tiempo no cambia a las personas, sino que, simplemente, les quita las máscaras.

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