miércoles - 12/05/2021

Lea esto y piense si va nuevamente a comprar al Líder: Guardias confunden a hijo de periodista, lo agreden y humillan por jugar con pelota…

Lea esto y piense si va nuevamente a comprar al Líder: Guardias confunden a hijo de periodista, lo agreden y humillan por jugar con pelota…

Madre en pie de guerra contra el Líder: “No voy a tolerar que la violencia infantil quede impune”
La semana pasada, la ex periodista de periódico The Clinic, Lorena Penjean, vivió una pesadilla junto a sus dos hijos mellizos en un Líder de Recoleta. Por jugar con una pelota, un guardia del local agredió a uno de ellos, de solo 10 años, porque pensó que era un ladrón. Ni el supermercado, ni Carabineros hicieron nada por su caso. Hoy, con una denuncia en la PDI y respaldada por el Sename, exige que alguien responda por la agresión: “no quiero que esto le suceda a ningún otro niño, no se lo deseo a nadie”, asegura Lorena. Aquí su testimonio.
-El viernes 26 de junio fui al supermercado Líder, ubicado en Recoleta 3501, con mis mellizos de 10 años y un amiguito de ellos, también de 10 años. Se pusieron a jugar con una pelota. Yo fui a la caja a pagar cuando me percato que falta mi hijo Mateo. Desesperada empiezo a buscarlo por todas partes. Llamé la atención de la gente y por eso, un guardia se me acerca: “debe ser suyo el niño que está llorando allá afuera”, me dice. Lo encuentro llorando, con la oreja inflamada, en shock.
A mi hijo, un guardia del Líder lo confundió con un ladrón, lo agredió y humilló.

A Mateo se le abalanzaron, lo inmovilizaron de los brazos, lo agarraron de la oreja y lo arrastraron por el supermercado hasta dejarlo en la calle. Estaba impactada. Desesperada, exigí a gritos hablar con el encargado, pero nadie me dio la hora. Me dijeron que estaba ocupado. Grité como loca exigiendo su presencia. Llega a la media hora y dice que tienen grabaciones que prueban que “los niños no se estaban portando bien”, dejando entrever que se merecía un escarmiento.
Pido ver las grabaciones, pero me las niegan. Al guardia lo esconden y me dicen que si hay tanto problema, que llame a Carabineros. Lo hago, pero se demoran más de una hora en llegar. Mateo seguía llorando. Lo primero que hacen es pedir la presencia del guardia, pero el encargado se niega. Un carabinero entra a ver las supuestas grabaciones de mi hijo. No existían. Me recomiendan no constatar lesiones porque era un tirón de orejas. Yo esperé que se lo llevaran detenido para decirle a mi hijo: “no estás solo, nadie te puede maltratar, te van a ofrecer disculpas”. No hicieron nada. Solo me dan los datos de la empresa a la que pertenece el guardia. ¡No puedo creerlo! De la rabia le pegué una cachetada al agresor de mi hijo. Ahí sí los carabineros deciden actuar: amenazan con llevarme detenida.

 

Es cierto, le pegué, pero creo que cualquier padre en mi lugar podrá entender mi reacción. Ver llorar a tres niños muertos de miedo me rompió el corazón. Nadie nos ayudó. Yo solo quería que nos pidieran disculpas. En lugar de eso, solo recibimos un trato vejatorio, lejos de cualquier solidaridad.

 

Sin el apoyo de nadie, volvimos a nuestra casa. Abatidos, desmoralizados. Me quedo intranquila. Pienso en mi hijo y la vejación que sufrió y en todas las veces que le he dicho desde que nació, que nadie puede tocarlo, que nadie puede maltratarlo, que nadie puede humillarlo así como él tampoco lo puede hacer con nadie.

En estos días me han llegado decenas de testimonios de padres que han pasado por lo mismo: vejaciones por parte de guardias de seguridad. Casos realmente atroces.

Pienso en qué pasará en todos esos casos de abusos en los que la gente se queda callada, atemorizada, sintiéndose pequeñita y desprotegida, como me sentía yo. Pienso en los menores infractores y me imagino cómo les sacarán la cresta. Me indigno. Esto no puede quedar así.
Mis amigos comienzan a llamarme. Las redes sociales se vuelven mis aliadas, me apoyan, difunden, me hacen fuerte.

Veo la cara de Mateo que me pregunta por qué le pegaron. No tengo ninguna otra respuesta más que darle que esto fue un error y que le prometo que lo voy a defender. Que más temprano que tarde le darán disculpas. Porque así tiene que ser.

 

No puedo dejar esto así. Debo restituirle la dignidad a mi hijo. Eso me repetí mientras seguía tuiteando, posteando, hablando con gente del Sename y muchos otros que me ofrecieron su apoyo. La PDI me acogió la denuncia. Vi una sociedad que hizo propia mi causa y que me mandaban fuerza y mensajes de solidaridad. Una sociedad que me gustaría ver más seguido. Una sociedad en la que todos nos cuidamos y defendemos. Me volvió el alma al cuerpo.

 

En estos días me han llegado decenas de testimonios de padres que han pasado por lo mismo: vejaciones por parte de guardias de seguridad. Casos realmente atroces. Una mamá contó que su hija se llegó a hacer pipí del miedo que sintió al verse intimidada por un guardia que le pedía la boleta del peluche usado que andaba trayendo, a punta de garabatos. Leo el caso de un papá que optó por hacer justicia con sus propias manos, le sacó la cresta al guardia y terminó preso.
Me pregunto: ¿Quién regula el accionar de los guardias? ¿Quién los capacita? ¿Una empresa como Líder puede explicar lo sucedido aludiendo que es un servicio externalizado? ¿Quién se hace responsable de lo que pasó? ¿Hasta cuándo nos maltratan? ¿Qué onda esta sociedad enferma de violencia, de abusos de poder, de prepotencia, de injusticia y mentira?

Estoy harta de los abusos. Estoy cansada de la violencia. Me enfurezco ante tanta soberbia. Me emputezco frente a tanta injusticia. Hoy me enfrento a una empresa inmensa sin más que mi fuerza de madre y la esperanza de que nos ofrezcan disculpas y que mi hijo vuelva a caminar tranquilo y seguro. No está solo, acá tiene a una madre en pie de guerra.

No quiero esta sociedad para mis niños. Quiero un mejor trato, quiero respeto. Se acabó lo de David contra Goliat.

Pero por sobre todo, no quiero que esto le suceda a ningún otro niño. No se lo deseo a nadie. Cosas así marcan su crecimiento y no voy a tolerar que la violencia infantil quede impune. Quiero y exijo sanciones ejemplificadoras. Ni más ni menos. Quiero justicia y dignidad.

Cualquiera que tenga hijos me va a entender. Cualquiera que se ponga en mis zapatos podrá asomarse a la pena e impotencia que yo he sentido.

No busqué que esto me sucediera, pero me sucedió y voy a seguir hasta las últimas consecuencias, aun cuando tenga que enfrentarme a una montaña cubierta de vidrios. No quiero esta sociedad para mis niños. Quiero un mejor trato, quiero respeto. Se acabó lo de David contra Goliat. Ellos tendrán el poder y la plata, yo tengo a mis hijos y mucha gente buena que me apoya. Tengo tanto o más que ellos. Mucho más.
Fuente The Clinic

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