En una bodega de Ferronor, ubicada en Pozo Almonte, permanecen dos vagones de pasajeros que, hace más de una década, formaron parte de un proyecto turístico llamado Transatacama, iniciativa que ofrecía recorridos por las antiguas vías del tren “Longino”.
La formación de este tren turístico estaba compuesta por una locomotora diésel —que ya no se encuentra en la región—, un vagón de pasajeros de origen belga construido en 1930 y un coche fabricado en Chile en la década de 1960, con capacidad para 30 personas. El valor del tour era de $35.000 y el itinerario contemplaba 200 kilómetros de viaje ida y vuelta, con punto de partida en la Estación Esmeralda, frente a la réplica de la corbeta que comandaba Arturo Prat.
Esta iniciativa, desarrollada entre 2010 y 2013 por el empresario Pedro Pablo de la Barrera y Ferronor S.A., no habría contado con el respaldo de instituciones vinculadas al turismo. Eventualmente dejó de operar y fue trasladada a la ciudad de Arica, donde realizó viajes turísticos entre El Morro y la localidad de Poconchile hasta hace aproximadamente diez años.
Hoy, esos vagones en Pozo Almonte reciben el viento de la pampa, el calor del día y el frío del olvido.















