miércoles - 03/03/2021

Los helados (@plumaiquiqueña)

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@plumaiquiqueña


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@plumaiquiqueña

Los helados ya son parte de la institucionalidad iquiqueña. Existían mucho antes que nuestros padres nacieran, en plena época salitrera. ¿Cómo se conservaba el frio? En el libro “Ciudad de Iquique “; de Francisco J. Ovalle, se señala, que, a principios del siglo pasado, existía la fábrica de hielo del acaudalado comerciante, “Don Tomás S. Cappella”, dueño de “Almacén Capella”, el cual más adelante pasa a ser el conocido “Cerisola “, cuyos helados sensación eran los “Peach melva “.

Con el paso de los años y el crecimiento de la población, se fueron instalando nuevas heladerías. Era menester aplacar el calor del puerto de los techos planos. Al ritmo del mundial del 62, chicos y grandes iban a comprar a “Heladería Napoli”, ubicada en calle Orella con Juan Martínez, cuyo dueño era el papá del doctor Marino.

Con la fiebre del cine mexicano e italiano, la juventud, al salir del “Teatro Nacional”, iba a “Heladería Stanka”. Otro clásico iquiqueño, estaba ubicado en calle Zegers con Baquedano, me refiero a ” Heladería Gaymer”, atendidos por sus propios dueños y su hijo, el simpático; Washington. El helado más solicitado; el exquisito “Malta con huevo”. Tanta nostalgia que guardan esas esquinas y nuestros padres no se olvidan, tampoco de la “Heladería Randebú”, ubicada en calle Ramírez, a pasos de Balmaceda.

Llegaron los 80, maravillosa época, tenía 8 años y corría a la “Heladería Don Emilio “, ubicada en calle Zegers. Si estaba cerrada, a media cuadra, me encontraba con “Friko”; el “Rey del mango”. No obstante, miraba hacía el frente y al lado de Buses Evans, estaba la “Heladería El Pingüino “.

Por las calles se rumoreaba que vendían el mejor “Pikichuqui” del mundo. ¡Uf!, a esas alturas, el helado de mango era mi favorito, otros prefieren el de guayaba, melón o guinda, si te tocaba una frutita, era sacarse la lotería. Muchas heladerías se reparten en la actualidad, pero muchos turistas y residentes siguen fieles a la tradición y a la “Heladería Milano”, cuyo dueño preparaba el helado en una batea con salmuera. Hoy ocupan tecnología sin perder el sabor incomparable de la fruta.

El año pasado falleció Don Raúl Constenla, 56 años preparando helado y la deliciosa chicha. Dicen que las segundas partes no son iguales, espero que esta profecía no se cumpla y sigamos disfrutando un chupete helado, un Pikichuqui o como dice mi hija. Un helaito.


Agradecimientos a Juanito Álvarez, querido vecino iquiqueño.

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