sábado - 23/01/2021

¡Los Mártires de la Escuela Santa María, 1907! (Columna de Nelson Mondaca)

¡Los Mártires de la Escuela Santa María, 1907! (Columna de Nelson Mondaca)

NELSON MONDACA I.


Nelson Mondaca columna
Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com

Este lunes 21 de diciembre, los iquiqueños recordamos otro aniversario de la matanza de la Escuela Santa María. Ciento trece años han transcurrido desde que ocurrió la tragedia sangrienta de los huelguistas salitreros. Nada hará olvidar lo que realmente sucedió ese fatídico día. A pesar del inevitable paso del tiempo, de haber transcurrido más de un siglo, mordiendo el otro cuarto de la presente centuria, así pasarán los siglos, sin embargo, la historia y la abundante literatura, se han encargado de mantener viva la memoria de los caídos el 21 de diciembre, 1907. Por estas circunstancias los mártires del holocausto obrero jamás quedarán en el olvido.

Aquí no estamos dramatizando los hechos, tampoco estamos inventando cifras. Los sucesos se enmarcaron cuando Chile acababa de conquistar estas tierras ricas en nitrato de sodio. Los dueños del salitre no era el Estado chileno. Tengamos presente, que numerosos destacados académicos, investigadores, escritores e historiadores, profesores, políticos de diversas tendencias, artistas, testimonios y relatos de quienes vivieron la odisea de la muerte, gente del mundo de la cultura y social, han registrando y tipificado la realidad de los trágicos acontecimientos de la Escuela Santa María.

Nunca está demás repasar el pliego de peticiones que elaboraron los obreros pampinos a sus patrones (P. Bravo Elizondo; Documentos para la Historia):

1. Aceptar por el momento la circulación de las fichas hasta que haya sencillo, cambiándolas todas las oficinas a la par,
2. Pago de jornales a razón de cambio fijo 18 peniques por día.
3. Libertad de comercio entre las oficinas, en forma amplia y absoluta.
4. Cierre general con reja de fierro de todos los cachuchos y chulladores de las oficinas salitreras pagando éstas una indemnización de $5.000 a $10.000 a los trabajadores que se malogren, a consecuencia de haber cumplido esta obligación.
5. En cada oficina habrá al lado de afuera de la pulpería y tienda, una balanza y vara para comprobar los pesos y medidas.
6. Conceder lugar gratuito para que funcionen escuelas nocturnas, siempre que algunos obreros lo soliciten.
7. Que el Administrador no podrá arrojar a la rampla el caliche decomisado y aprovechado después en los cachuchos.
8. Que el Administrador de la oficina a los obreros que han tomado parte en el presente movimiento, sin darles un desahucio de dos o tres meses, o en cambio $300 a $500.
9. Que en el futuro se obligan a los patrones, a dar un aviso de quince días antes de poner término al contrato.
10. Y se reducirá a escritura pública los anteriores acuerdos firmándola los jefes de casas salitreras y los representantes de los obreros.

En otras versiones, aparecen otros puntos. Pero lo que realmente importa, a mi parecer, era lograr condiciones laborales dignas y poner fin a las graves injusticias que los administradores de las Oficinas cometían a su libre albedrío. La demanda por mejorar los salarios, que se habían estancados por años, desvalorizado por las alzas de los precios en los alimentos, también, por el tipo de cambio que desvaluada el peso, retrataban una severa explotación humana. De todas maneras, en las reivindicaciones de los obreros pampinos imperaba la humanización del trabajo.

Los dueños de las Oficinas imponían las leyes que ellos estimaban convenientes a sus intereses económicos. Desde esa particularidad, a los obreros se les pagaban con fichas, se les castigaba con violencia física, en las faenas estaban sometidos a sufrir accidentes, tenían altas tasas de mortalidad y de enfermedades, mientras las exportaciones del llamado “oro blanco” de Chile, cada año subían de precio. Era la principal arteria de recursos que obtenía el país. El desierto y el salitre para el “centralismo” era otro país.

Así como las islas tienen su propia orografía, la sal del nitrato de sodio en nuestro desierto del Tamarugal, en cada zona y lugar, en las fecundidades de las primeras industrias de fines del siglo XlX, resplandecía la República. Aquí se aproxima la narración de la lucha de clases entre la burguesía y la clase obrera, dando existencia a la cuestión social. Los salitreros coludidos bajo los Productores de Salitre en Chile, mientras que los esclavos proletarios, se agrupaban en Mancomunales Obreras.

La conspiración política y económica del presidente de la época, Pedro Montt y su ministro del Interior, Rafael Sotomayor Gaete, fueron quienes, desde Santiago, organizaron el fatídico plan de poner fin a la gran huelga de los obreros a través de la intervención armada, cambiando el castigo del “cepo” por la ametralladora. Gustavo Eastman Quiroga, Intendente y Roberto Silva Renard, Jefe Estado de Sitio de Tarapacá, ambos fueron fieles colaboradores del Gobierno para llevar a cabo la sangrienta muerte de cientos ciudadanos inocentes. Las balas de la ametralladora llovían violentamente, a muy corta distancia, la orden del poder central se cumplía sin miramientos hacia la familia de la pampa, las disposiciones estaban dadas, ésta era acribillarlos. El arma automática utilizada no era de disuasión, era para herirlos de muerte, de un solo golpe, a la velocidad de los rayos del sol, la luz de la vida se apagaba como hojas que caen de un árbol, con la rapidez de una ráfaga de humo asesino.

Este fue el precio que pagaron los obreros del salitre por mantener en alto sus legítimas demandas, eran miles los que encontraban alojados en la Escuela Santa María. Hombres, mujeres y niños, repentinamente yacían en el suelo junto al dolor y sufrimiento de los hijos nacidos en esta tierra gloriosa.

Las personas que llevaron a cabo este genocidio –intelectuales y materiales- mancharon el honor de la patria con sangre pampina. Tal vez, vivieron sin remordimientos, ni cargos de conciencia y hasta disfrutaron en medio del quehacer de la burocracia política nacional. Hoy, con más razón podemos afirmar el exterminio deliberado y ejecutado por quienes estaban transitoriamente en el poder. ¡Que la historia los juzgue y nuestra sociedad actual los condene por su alevoso crimen!

Este 21 de Diciembre, 2020, en homenaje a los mártires obreros, sólo sostener que sus méritos, valores, valentía y fraternidad forjada en el trabajo duro, al calor intenso de la elaboración del salitre, de hermano a hermano, sembraron la semilla que construyó el movimiento organizado de los trabajadores del siglo XX. Por el bien de Chile, estas semillas de heroísmo eran y son las verdaderas raíces de la democracia, la justicia y la libertad. Un legado inmortal que será puesto a prueba muchas veces y dejará nuevas lecciones en la historia de Chile para generaciones presentes y futuras.

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