lunes - 19/04/2021

Nadie está libre (Columna de Opinión)

Nadie está libre (Columna de Opinión)

Por Pablo Herrera


PABLO HERRERA
Pablo Herrera, Socio líder Deloitte Private.

Cuando se trata de delitos informáticos, las pequeñas y medianas empresas están tanto o más expuestas que las grandes corporaciones. A diario escuchamos cómo emprendedores han sido víctimas de diversos tipos de delitos informáticos, desde el robo de claves y secuestro de información (ransomware), hasta verse involucrados en estafas realizadas en nombre de su empresa o bien directamente a sus directivos o ejecutivos.

En parte, la razón de este incremento de delitos se debe al acelerado avance de la digitalización e interconexión de sus actividades diarias y procesos de negocio que no sólo incluye a consumidores, sino que a colaboradores y proveedores. De esta forma, los ciberdelincuentes las consideran un blanco fácil, ya que por lo general sus medidas de seguridad son menos estrictas.

Las pymes, por lo general, suelen carecer de recursos y conocimientos necesarios para prevenir ciberataques. Para empezar, en raras ocasiones cuentan con un área de informática dedicado o acceso a expertos, así como falta de capacidad para responder a incidentes de ciberseguridad convirtiéndolos en objetivos particularmente vulnerables.
En esta materia, uno de los principales desafíos para las compañías es el incremento en almacenamiento y gestión de los datos de sus consumidores. Elemento fundamental si pensamos que actualmente los datos son considerados el bien más preciado en la era de la digitalización y están afectos a diversas leyes internacionales y proyectos regulatorios locales en curso.

Como le ocurre a cualquier empresa sin métodos de prevención de ciberseguridad, las pequeñas y medianas empresas pueden perder el control de la información personal de sus clientes enfrentándose a riesgos como la pérdida de confianza y fidelidad, además de la destrucción de su propia reputación, los costes potenciales y la posible interrupción comercial. Adicionalmente se debe tener en consideración que un ciberataque podría interrumpir completamente las operaciones de una empresa.

Sin duda los impactos de no contar con protocolos de ciberseguridad definidos pueden ser muy altos para las empresas, ya que aumentan el tiempo necesario para responder, minimizar las pérdidas y revertir los daños. Un problema que sin duda, les costará mucho más caro que la inversión en materia de prevención.

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