El presidente argentino Javier Milei recibió su segundo portazo parlamentario en menos de tres meses, y esta vez con ruido de cacerolas y pancartas. La Cámara de Diputados rechazó sus vetos a dos leyes que tocaban fibras sensibles: el financiamiento al Hospital Garrahan y el presupuesto de las universidades públicas.
El Gobierno había vetado ambas leyes con el argumento de “cuidar las cuentas”, pero el Congreso le dijo que no se puede ajustar donde duele más. Con más de dos tercios de los votos, los diputados dejaron claro que la salud y la educación no se negocian.
Y ojo, esta es la segunda derrota legislativa de Milei. La primera fue cuando intentó imponer su “Ley Ómnibus 2.0” y se la frenaron en seco. Esta vez, el rechazo fue más transversal que mate en ronda: desde el kirchnerismo hasta radicales, pasando por partidos provinciales y exlibertarios que ya no le compran el discurso.
Mientras se votaba, afuera el pueblo cantaba. Médicos, estudiantes, docentes y vecinos comunes se plantaron frente al Congreso con una consigna clara: “No somos números, somos personas”. Porque por más que el Gobierno muestre gráficos y hable de “superávit fiscal”, la heladera sigue vacía y el aula sin calefacción.
SENADO
El Senado tiene la última palabra. Si también rechaza los vetos, las leyes entran en vigencia y Milei no podrá volver a objetarlas. Pero más allá del trámite, lo que se siente en el aire es que la paciencia social se está agotando. La gente quiere soluciones reales, no Excel con emojis.













