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Mar

Otro plan para la seguridad de la frontera norte | Por Rodrigo Martínez S.

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Rodrigo Martínez Segovia | Periodista.

El presidente José Antonio Kast inició su mandato firmando decretos para reforzar el control de la frontera norte, cumpliendo uno de los compromisos centrales de su campaña, el control de la migración irregular y el fortalecimiento de la seguridad con foco en la frontera altiplánica entre Chile y Bolivia.

Estas medidas se enmarcan en el denominado Plan Escudo Fronterizo, que busca cerrar pasos no habilitados y enfrentar fenómenos asociados al crimen transnacional en regiones como Arica, Tarapacá y Antofagasta, a lo largo de una frontera de más de 860 kilómetros situada, en promedio, a 3.500 metros de altura.

En ese escenario, la coincidencia ideológica entre los actuales gobiernos de ambos países podría transformarse en una oportunidad para fortalecer la cooperación fronteriza. Esto podría facilitar acuerdos en seguridad, intercambio de información y combate al crimen organizado. Para Bolivia, una frontera más ordenada puede reducir el contrabando y fortalecer su comercio formal hacia el Pacífico. Para Chile, puede significar mayor control territorial y cooperación en seguridad.

Sin embargo, la experiencia de las últimas décadas sugiere que el problema de la frontera norte no ha sido solo la falta de planes, sino también la dificultad para comprender plenamente las dinámicas del territorio.

Desde el Plan Frontera Norte impulsado por Sebastián Piñera en 2011, el Estado chileno ha decretado al menos ocho estrategias para reforzar el control fronterizo. Sus resultados han sido parciales y, en muchos casos, difíciles de sostener en el tiempo.

La razón parece repetirse. Muchas de estas políticas se han diseñado desde la centralidad del poder político, lejos de la realidad territorial del altiplano. Cuando las soluciones se piensan desde la distancia del mapa y no desde las dinámicas reales del territorio, terminan enfrentándose a una frontera mucho más compleja que cualquier diagnóstico administrativo.

La frontera norte no es solo una línea que se controla con decretos, cámaras o barreras. Es un territorio vivo, con historia, comercio local, redes familiares y comunidades que interactúan a ambos lados del límite.

Comprender esas dinámicas territoriales puede ser la clave para que los nuevos esfuerzos logren resultados más duraderos que los intentos anteriores.


En El Sol de Iquique creemos en estar siempre del lado de la gente y con los ojos bien abiertos sobre quienes toman decisiones. Pero también somos un medio pluralista: las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan lo que piensa este medio.

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