El pan de pascua es ese clásico que aparece en todas las casas chilenas cuando llega diciembre. Oscuro, cargado de frutas confitadas y especias, y siempre acompañado del cola de mono. Pero su origen no es chileno: la receta viene de Europa, inspirada en el Stollen alemán y el Panettone italiano.
Con el tiempo, los panaderos locales le dieron un sello propio: masa más densa y oscura, con miel, chancaca y especias como clavo de olor, nuez moscada y jengibre. Así nació el “pan de pascua criollo”, más parecido a un queque que a un pan, y que terminó siendo parte de nuestra identidad navideña.
En Perú, en cambio, la tradición se conoce como Panetón. La diferencia es clara: el panetón es más liviano, con una masa esponjosa y aireada, y suele llevar pasas y frutas confitadas en menor cantidad. El pan de pascua chileno, en cambio, es más compacto, especiado y contundente, pensado para acompañar bebidas como el cola de mono.
Hoy cada familia tiene su versión, algunos con más frutos secos, otros con menos frutas confitadas, pero todos con el mismo espíritu: compartir en torno a un sabor que ya es tradición.
Y un dato práctico: un trozo de pan de pascua de unos 100 gramos aporta cerca de 350 calorías.













