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27

Feb

Piare con P se gana al Monstruo con una rutina rápida, honesta y rematada con doble gaviota

ALE.

La Quinta todavía estaba con la espina clavada por el corte a Asskha Sumathra la noche anterior. Y en medio de ese clima, con el público inquieto y la producción más perdida que señalética en remodelación, entró Piare con P. Difícil debut, pero ella lo tomó como si fuera un martes cualquiera en un bar de Puente Alto: respiró, sonrió y se tiró de cabeza.

Partió con energía reggaetonera, presentándose sin rodeos porque sabía que muchos no la ubicaban. Desde ahí empezó a construir su humor desde lo que conoce: la mamá gritona, la terapia que nunca alcanza, la ciclotimia que aparece cuando menos conviene, la vida de hija de carabineros, el teatro, el alcohol, las contradicciones de crecer en un país que te exige más de lo que te da. Todo contado con esa rapidez que no te deja pestañear.

Y entre chiste y chiste, Piare impuso una frase que ya quedó instalada en la Quinta: “handroll”. La tiró con tanta naturalidad que el público la repitió como si fuera un código secreto. Fue uno de esos momentos donde el humor se vuelve lenguaje compartido.

PUBLICO

El primer gran quiebre llegó cuando se escucharon pifias. Piare frenó un segundo, afinó el oído y entendió que no eran para ella: había una niña perdida. Transformó la tensión en un chiste inmediato, de esos que solo salen cuando el artista está realmente conectado. La Quinta se rió, se relajó y la siguió. Ahí se notó el oficio.

A medida que avanzaba, la rutina se afirmaba. Piare improvisaba, jugaba con el público, se movía con soltura. Y el público, que venía duro, empezó a entregarse. Las risas crecieron, los aplausos se hicieron más largos, y cuando ya estaba instalada, el “Monstruo” empezó a pedir gaviotas.

Primero la Gaviota de Plata. Se la entregaron entre aplausos que parecían un desahogo colectivo. Piare estaba emocionada, sorprendida, casi incrédula. Siguió un poco más, remató con fuerza, y ahí vino el clamor por la Gaviota de Oro. La Quinta la pidió sin dudas, sin titubeos, como si quisiera compensar la tensión de la noche. Y se la dieron.

La ovación fue larga, de esas que no se editan en televisión. Piare quedó con los ojos brillantes, abrazando las gaviotas como si no terminara de creer lo que estaba pasando. Era su debut, su noche, su triunfo.

Pero el final tuvo un momento incómodo que no pasó piola. Tal como consignó T13, cuando Piare invitó a gente del público a subir al escenario, uno de los hombres la tomó por la cintura y empezó a bailar detrás de ella. En pantalla se vio clarito que la comediante se incomodó y lo corrió hacia un lado. Aun así, lo más potente es que su triunfo no fue fácil. Fue uno ganado a pulso, en una noche complicada, con un público exigente y un ambiente tenso. Pero Piare lo dio vuelta.

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