jueves - 21/10/2021

Plaza Brasil (@plumaiquiqueña)

Plaza Brasil (@plumaiquiqueña)

Plaza Brasil (@plumaiquiqueña)


En Iquique la crisis migratoria se ha incubado en la ex Plaza Brasil, hoy llamada por decreto municipal  “Gerardo Poblete”. Este lugar data más o menos de 1883, situado en calle Zegers entre Obispo Labbé y Patricio Lynch y ha cruzado numerosas generaciones.

Hoy la realidad es diametralmente opuesta, los atardeceres en la plaza de nuestros abuelos parecen desaparecer sin regreso, familias completas están instaladas con carpas, sin alimentación y sin baños.

Hagamos un poquito de memoria sobre esta plaza que evoca tanta nostalgia.

A principios del siglo pasado, la ciudad vivía por esos años el espíritu de concordia, amistad, conversación amena y familiar sin necesidad de mucho afán. En Iquique se vivía un eterno carnaval. Bajo el nombre de Plaza Brasil, son famosos sus frondosos jardines, tiene una cuadra de extensión, con hermosísimas plantaciones.

En un Iquique salitrero, en la Plaza Brasil estaba la Policía, en el medio la cárcel, y en un extremo, el Juzgado. La policía poseía su propio orfeón, daba conciertos en una pérgola, rodeado de pinos y muchos magnolios, lo cual hacía muy amena la vida del Puerto heroico. Dicha banda se componía de 45 individuos a quienes, el público aplaudía con frenesí. Existía una reja que según el escritor Francisco Javier Ovalle era extremadamente baja y ordinaria.

Al frente de la plaza, vistosas y elegantes casas rodeaban pintoresco lugar a pesar de la presencia tétrica de la cárcel. En 1942, se construyen los “Colectivos Seguro Obrero”. En el año 1974, se produjo un incendio que destruyó la “Prefectura y Comisaría de Carabineros “.

Miles de historias se tejen en la Plaza Brasil, niños lanzaban piedras a la palmera cargada de dátiles para que cayeran y poder comérselas. Era el sitio predilecto de juegos y guerrillas entre los niños de los colectivos, las lolas esperaban al pololo a la salida del colegio, las vecinas pasaban la tardecita para respirar el aire fresco. Mis recuerdos anidan en el resbalín de lata. Después del cole, en dirección a casa, mamá se detenía 5 minutos o quizás más, para verme volar. Mientras los muchachos se tiraban por el caracol, yo me quedaba acariciando el trofeo desde las alturas. No hubo fotografía para capturar ese momento, solo los ojos obnubilados de mi viejita al descender de los cielos.

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