La reunión programada en La Moneda entre el Presidente Gabriel Boric y el Presidente electo José Antonio Kast, pensada para ordenar la transición, terminó convertida en un episodio que expuso tensiones y versiones cruzadas sobre el polémico cable submarino impulsado por una empresa china. Lo que parecía un encuentro de coordinación terminó abriendo un quiebre político que siguió creciendo durante las horas posteriores.
El punto central estalló cuando Boric aseguró públicamente que había informado a Kast sobre las advertencias de Estados Unidos respecto al proyecto. “Acá no hay nada oculto, nosotros hemos sido absolutamente transparentes”, dijo el Mandatario, insistiendo en que la conversación ocurrió “semanas antes de que esto fuera una polémica”.
Desde el entorno del Presidente electo, la primera reacción fue desmentir esa versión. Sin embargo, el propio Kast terminó reconociendo que sí hubo una llamada y que el tema fue mencionado. “El día 18 de febrero recibo una llamada del Presidente (…) y sobre el final me esboza una situación compleja sobre lo que es el denominado cable y de algunas situaciones complejas que se estaban dando”, afirmó. Luego agregó: “Se ha dado estos días una especie de controversia respecto de lo que es informar y enunciar”.
ESBOZO
Con esa frase, Kast matizó el desmentido inicial: admite que Boric sí le habló del cable, pero sostiene que fue apenas un esbozo, no una advertencia formal ni un traspaso detallado de antecedentes. Esa diferencia en el tono y la profundidad de la información es justamente lo que terminó tensando la relación entre ambas administraciones.
El trasfondo es sensible. El proyecto del cable chino ya venía cargado por la presión diplomática de Estados Unidos, la revocación de visas a funcionarios chilenos y dudas sobre la seguridad tecnológica. En ese escenario, el cruce de versiones entre Boric y Kast amplificó la controversia y dejó la sensación de que la transición entró en terreno áspero.
En La Moneda intentaron bajar la tensión, pero el reconocimiento de Kast —que contradice parcialmente a su propio equipo— dejó abierta una nueva arista: qué tan completa fue la información entregada y si el gobierno saliente actuó con la transparencia que asegura.













