miércoles - 12/05/2021

Rodrigo Ramos Bañados, escritor: “Hay un sistema que heredamos de la dictadura, de ser competitivos, de imponer cuestiones nacionalistas”

Rodrigo Ramos Bañados, escritor: “Hay un sistema que heredamos de la dictadura, de ser competitivos, de imponer cuestiones nacionalistas”

Foto Sebastián Rojas R.

En el marco del primer aniversario de la editorial Navaja visitó la ciudad el escritor y periodista antofagastino Rodrigo Ramos Bañados, para integrar un conversatorio sobre su último libro “Ciudad Berraca” (Alfaguara, 2018). La novela trata sobre los migrantes colombianos radicados en “Antofalombia”, y en esta entrevista nos da su visión sobre este tema que por estos días está en boca de todos.

¿En qué momento crees tú que está la literatura que se hace en el Norte Grande?
-Esta zona es una forma de mucho cambio, de muchas transformaciones sociales y culturales, también humanas. La movilidad humana en esta zona es gran parte por su historia económica, el norte grande se pobló por sus recursos económicos, y hoy experimenta una transformación social que tiene que ver con la inmigración de países vecinos en busca del “sueño chileno”. Entonces, hay muchas historias de inmigrantes, fronteras, narcotráfico, contaminación o desapariciones por efecto de la dictadura para contar, y eso no quita que no se haga ciencia ficción o novela negra. La mayoría de las últimas novelas o cuentos que han surgido desde Arica, Iquique o Antofagasta cuentan de aquello. Desde ahí la perspectiva de los narradores con cierta “responsabilidad social” con el presente del territorio o por llamarlo así. Es una realidad y nosotros catalizamos, somos el tubo de escape, nosotros somos observadores y podemos contar lo que sucede.
¿Cómo se ha hecho la bajada para contar estas historias? Con tu última novela haz hecho ver un tema que ya se venía tratando en distintos ámbitos artístico, inclusive en tu propio trabajo.
-Lo he hecho desde el punto de vista de los protagonistas, en este caso de los colombianos residentes en Antofagasta. Creo a los inmigrantes les falta contar su historia, desde una primera persona, como protagonistas. Es interesante ver la perspectiva de ellos, como se adecuan y como se sitúan en la ciudad, como nos ven como chilenos, ¿qué opinan de la discriminación?
Nosotros heredamos un sistema desde la incubadora de la dictadura, de ser competitivos, prepotentes si tenemos dinero y hasta nos brota un nacionalismo ridículo en los foros de debate por el fútbol. Chile creció a nivel económico en números ostentoso, con centros comerciales, fantaseando que somos un pequeño Estados Unidos. En la casa uno revisa el refrigerador los días 20 de cada mes, y está casi vacío. Ya no queda nada. Nos comimos y nos chupamos todo la primera semana del mes, y llegamos con lo justo al final del mes. Y el ciclo se renueva. Así vivimos muchos chilenos.

A propósito, el migrante tiene una imagen de Chile que le hace tomar la decisión de buscar mejores condiciones de vida en este país. Qué opinión tienes de este Chile arribista, de esta quizás falsa promesa.

 

Somos un país de tarjetas. Nos llenamos de tarjetas y nos endeudamos y vivimos de esa forma, y quienes llegan de otros países con menos acceso al crédito, les encanta este Chile, donde puedes endeudarte. Esto lo podríamos extrapolar con el sistema de fichas salitreras, donde la gran empresa te hace cliente. En el fondo, Chile sigue siendo una pulpería. Los mismos extranjeros parecen enganchados de la época del salitre, con el mismo sueño con el que se pobló el desierto. Y parece extraordinario que esos difíciles días de abuso laboral de principio de Siglo XX, con matanza de por medio, hoy sea idealizado y los pampinos se vistan a la usanza de la época y bailen charleston. Claro, nos quedamos con el recuerdo bonito. Quizás el inmigrante, con el tiempo, en 50 años, se quede con el recuerdo bonito del país o la ciudad a que llegaron.

¿Por qué crees tú que a algunos chilenos le gusta el migrante cuando sólo tiene cierto color de piel, de ojos o de pelo? Como dice María Emilia Tijoux, fantasean sexualmente con gente de piel negra, pero no quieren involucrarse con ellos y ellas en el cotidiano.
Tiene que ver creo con que somos un país muy aislado. La dictadura, nuestra poca población. Nuestra cultura funciona mucho con la imagen que entrega la publicidad. Nos hacen ver como europeos que es lo que propone el mercado. O sea, uno se baja en el Metro, en las Condes, y uno dice esto es Europa. Todo bello, todo limpio. La imagen contrasta con Estación Central, que bulle con el comercio ambulante de haitianos y colombianos. En kilómetros de distancia uno entiende que hay segregación en el país, porque ese haitiano ambulante no podría vender Súper 8 en Las Condes. Las patrullas municipales lo sacan.
En tanto, la gente que llegó al norte de Chile en los siglos pasados lo hizo por ambición, como los ingleses, y había una población andina muy potente. Con la guerra del Pacífico y la chilenización del norte, a los indígenas a través las Ligas Patrióticas los fueron arrinconando hacia la cordillera, entonces ver a alguien con esos rasgos era hablar de peruanos o bolivianos, y de inmediato se les tildaba de indios. Eso genera un ADN que viene desde nuestros abuelos que son de esta zona, que hay un rechazo a lo que es distinto.

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