En modo Fiestas Patrias, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) se puso las botas (de goma, no de cueca) y salió a fiscalizar la chicha, el pipeño y otros brebajes típicos que ya empiezan a circular por Tarapacá. La movida busca evitar que algún vivo le eche agüita, azúcar o algún menjunje no autorizado al elixir patrio.
La cita fue en la intersección de José Joaquín Pérez con Héroes de la Concepción, donde los chicheros de San Felipe instalaron sus barricas y el seremi de Agricultura, Eduardo Justo, junto a la directora regional del SAG, Sue Vera, encabezaron la fiscalización. Todo muy serio, muy técnico… pero la pregunta que quedó flotando como burbuja de fermentación fue otra:
SACRIFICIO
Porque claro, según la ley, el SAG puede tomar muestras para verificar que la chicha sea potable y genuina. Pero nadie aclaró si alguien se sacrificó por el pueblo y le dio un sorbito, por si acaso. ¿Habrá brindado el seremi? ¿Se le habrá escapado una copita a la directora regional? ¿O todo fue puro olfato técnico?
Lo cierto es que la chicha, al ser artesanal y vendida en envases abiertos, puede sufrir alteraciones en el camino. Por eso el llamado es a comprar en lugares autorizados, beber con moderación y no manejar si se le dio al pipeño.
Ah, y desde el año pasado, el “Pipeño” tiene categoría oficial en el Registro de Bebidas Alcohólicas, pero solo si viene de Maule, Ñuble o Biobío y lo produce la Agricultura Familiar Campesina. Así que ojo con los impostores.













