Cuando llega Año Nuevo todos prometemos “tomar poquito”, pero a las dos de la mañana ya estamos brindando con lo que haya en la mesa. Y claro, el 1 de enero amanece con la clásica pregunta existencial: “¿Por qué hice esto?”. Para evitar que el día siguiente se convierta en una prueba de resistencia, aquí van algunos consejos simples y terrenales para que la celebración no termine con la cabeza latiendo como parlante de fiesta.
- Come antes de tomar.
No te lances a brindar con el estómago vacío. Eso es como entrar a la Zofri sin plata: pura frustración después. - Un vaso de agua entre medio.
Sí, da lata. Sí, corta la inspiración. Pero al día siguiente se va a agradecer no despertar como lagarto en el desierto. - No mezcles copete.
Si empiezas con espumante y termina con destilado (Piscola) , no culpe al Año Nuevo. Culpe a su creatividad. - Cuidado con los tragos dulces.
Son traicioneros. Entran como jugo y salen como terremoto. - Tómate tu tiempo.
No es carrera. El alcohol no se va a acabar. Y si se acaba, siempre hay un tío que aparece con “algo” del fondo del mueble, y por último el “fonocopete” no falla. - Duerma.
No trates de ser héroe. Después de las doce, el cuerpo entiende que ya cumplió. Déjalo descansar. - Y lo más importante: no manejes.
Si va a celebrar, que sea sin poner en riesgo a nadie. El Año Nuevo se disfruta más cuando todos llegan a casa.













