El SERNAC se metió de lleno en el negocio del agua embotellada, un mercado que no para de crecer pese a que Chile tiene, según los propios estándares sudamericanos, una de las aguas de la llave más seguras para tomar.
El Servicio publicó, también conocido como “El León sin dientes”, el “Estudio de rotulación y aspectos de sustentabilidad de agua embotellada comercializada a nivel nacional”, donde revisó desde etiquetas hasta prácticas ambientales, pasando por precios que, como era de esperar, varían más que la marea.
El informe muestra que, en promedio, los productos cumplen con un 88% de las exigencias obligatorias de rotulación. A nivel nacional la cifra sube a 94,2%, pero cuando se mira a regiones la cosa se desploma a cerca de un 72%. Las fallas más comunes están en datos básicos: país de origen, lista de ingredientes y aditivos, e instrucciones de almacenamiento. Nada menor si se supone que la etiqueta es la primera herramienta para que el consumidor sepa qué está comprando.
La Directora Nacional (S) del SERNAC, Carolina González, lo dijo sin rodeos: “la información que contienen las etiquetas no es un detalle menor, sino un elemento esencial para la seguridad y toma de decisiones de las personas consumidoras. Cuando los antecedentes no son entregados en su totalidad, las y los consumidores no pueden tomar una decisión de compra informada”.
El estudio también revisó precios, y ahí las diferencias son más que evidentes. El bidón de 20 litros, por ejemplo, puede costar desde $1.400 hasta $14.150, dependiendo de la región y del proveedor. Comprar botellas pequeñas es derechamente más caro: el litro en formatos de menos de un litro llega a un promedio de $1.420, mientras que en un bidón de 20 litros el valor mínimo por litro baja a $173. Magallanes se lleva la medalla de los precios más altos en casi todos los formatos, mientras que el mínimo para los 20 litros se encontró en Arica y Parinacota.
En paralelo, el SERNAC revisó reclamos: entre 2020 y 2025 se registraron 279, la mayoría por problemas logísticos como retrasos o entregas incompletas, y otros por temas más delicados como mala calidad del agua o presencia de objetos extraños. También detectaron declaraciones ambientales que deben ser comprobadas, como “ecoamigable” o “amigable con el medio ambiente”. Esos antecedentes fueron derivados al área de Fiscalización para evaluar acciones, y además serán enviados al Ministerio de Salud por las brechas en rotulación.
Desde Elige Vivir Sano, su secretaria ejecutiva, Valeska Naranjo, valoró el estudio y recordó que “en un contexto de sostenido aumento de la malnutrición por exceso en el país, el consumo de agua es un aliado clave y de fácil acceso para garantizar una alimentación saludable y prevenir enfermedades”.













